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Demolerán lo que queda del edificio que se desplomó
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Martes, 11/12/2012
La Nacion - 08/11/2011
DERRUMBE EN EL CENTRO
Incertidumbre del centenar de propietarios y de los evacuados
Por Laura Rocha

Crujidos constantes, oscilaciones de la mampostería y riesgo permanente de derrumbe de lo que queda del edificio de Bartolomé Mitre 1232, en el centro porteño, eran seguidos ayer con angustia por el centenar de personas que se quedaron sin vivienda y sin los bienes que en ella tenían, y por los 120 vecinos de la cuadra que fueron evacuados y buscaban alguna explicación sobre lo que sucederá con su futuro inmediato.
La pesadilla comenzó anteanoche cuando se desplomó buena parte de una edificación de diez pisos que, al parecer, resultó seriamente dañada por los trabajos de excavación que se realizaban en una obra en construcción aledaña.
El panorama no mejoró ayer: la Guardia de Auxilio del gobierno porteño mantuvo el perímetro de seguridad, volvió a revisar la estructura remanente y decidió que hoy, con una grúa especial, comenzará a demoler lo que queda. Además, se dispuso que la situación de emergencia continuará, por lo menos, hasta pasado mañana, cuando los vecinos de la zona puedan regresar poco a poco a sus hogares. Mientras tanto, unos 50 evacuados pasaron la noche en un parador de Constitución.
El derrumbe puso sobre el tapete nuevamente las fallas de los sistemas de control que arrastra el gobierno porteño sobre las obras en construcción. Tras la tragedia que provocó la muerte de tres personas por la caída de un gimnasio en Villa Urquiza, se sancionó una ley que establecía la conformación de un cuerpo especial para inspeccionar cada excavación o demolición y de un registro al que los vecinos pudieran consultar sobre el estado de las obras. Sin embargo, un año y medio después no entró en vigor porque el gobierno porteño aún no la reglamentó.
¨No se trata de poner un inspector en cada obra, sino de ser más eficientes y llegar en el momento preciso. Hay que hacer inspecciones desde el momento cero de la obra, es decir, desde que se toca la primera piedra de la demolición y de la excavación, así como la creación de un registro en Internet donde todos los vecinos podamos tener acceso a las obras que están en marcha en la ciudad¨, dijo el diputado porteño Eduardo Epszteyn (Diálogo por Buenos Aires), autor del proyecto junto con Fernando Sánchez (Coalición Cívica).
La Agencia Gubernamental de Control (AGC), a cargo de Javier Ibáñez, no respondió la pregunta de La Nacion sobre la demora en la reglamentación. Sólo precisó que se está trabajando en el tema y que en la actualidad se realizan peritajes en las obras con personal de esa dependencia. Ayer, Ibáñez dijo públicamente que el arquitecto responsable de la obra, Ezequiel Rivarola, se había comunicado con el gobierno. Sin embargo, anteayer había enviado un comunicado para decir que el responsable de la obra que habría producido el derrumbe había mostrado ¨un grado de desinterés por lo que sucedió¨.
Rivarola envió ayer un comunicado de prensa a La Nacion en el que desmintió al funcionario: ¨Personal de la empresa constructora Lemarche SRL se encontraba trabajando en tareas de excavación situada en Bartolomé Mitre 1222 cuando, por causas que todavía los peritos no han determinado con exactitud, se desprendió tierra por debajo de los cimientos del edificio vecino, causándole rajaduras, grietas sobre la pared medianera y el posterior desprendimiento de mampostería del segundo cuerpo de dicho edificio. El arquitecto se hizo presente en la obra y se comunicó con las autoridades del gobierno con las que, además, se encuentra a total disposición para lo que necesiten¨.
A la incertidumbre con la que vivían ayer los propietarios del edificio en peligro se sumó la situación de varios vecinos de edificaciones linderas. ¨Las dos torres se cayeron sobre el edificio de Libertad 70, que tiene cinco pisos: los dos primeros se derribaron en un 50 por ciento y los tres de arriba quedaron en el aire, pero nadie hace nada. El edificio no tiene ningún apuntalamiento, se va a derrumbar¨, denunció Víctor Hugo Cenecio, vecino de esa edificación.

¨No hay respuestas¨
Con la misma inquietud se encontraban varias personas evacuadas que se negaban a abandonar la zona (ver aparte). ¨No hay respuestas a los vecinos sobre cómo harán para recuperar sus pertenencias, donde se alojarán y quién pagará los daños por sus hogares destruidos¨, dijo Javier Miglino, representante legal de uno de los damnificados.
En el gobierno porteño, la titular de Atención Inmediata de Desarrollo Social porteño, Guadalupe Tagliaferri, informó que ayer, pasado el mediodía, se estaba ¨brindando agua y algo para comer¨ a las ¨50 personas¨ de las 220 afectadas que no tenían dónde ubicarse. Sin embargo, muchos vecinos denunciaron que, a pesar de la atención de la Guardia de Auxilio, sólo contaron con un baño químico en las inmediaciones hasta el mediodía de ayer.
El inmueble afectado tenía 30 departamentos, la mitad de los cuales colapsó, y el resto quedó inhabitable, por lo que sus moradores debieron trasladarse a casas de familiares o a paradores del gobierno.
¨Hay 220 personas evacuadas. Nuestra prioridad es atender a las 30 familias que vivían en el edificio y a la gente de los alrededores. En este último caso, a medida que comprobemos que no hay riesgo, van a ir volviendo¨, aseguró el jefe de gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta.
Aunque ayer todavía se analizaba cuál sería la asistencia en la emergencia para los vecinos, en el gobierno no se descartaba que se pudiera otorgar un subsidio habitacional a los damnificados de entre 700 y 900 pesos por mes, durante un año.
La obra en construcción que habría afectado los cimientos del edificio que se desmoronó ya había sido denunciada en agosto pasado. Según la AGC, el 5 de ese mes, en el Sistema Unico de Atención Ciudadana (Suaci), entró una llamada por ruidos molestos y temblores producto de la excavación. La Dirección de Fiscalización y Control de Obras (Dgfyco) inspeccionó el lugar el 26 de septiembre y determinó que contaba con todos los planos registrados, estructura, submuración y excavación.
La investigación sobre lo ocurrido recayó en la Fiscalía de Instrucción N° 38, a cargo de Betina Vota.

Más de 65 personas, alojadas en un hogar
El cierre de calles las dejó sin lugar para dormir
Por Josefina Pagani

Después de ducharse, Constanza Campos se desenredaba el pelo rubio, con rulos, sobre la cama. Por fortuna, no le tocó compartir habitación con extrañas: hace ocho meses que conocía a sus compañeras de hostel, situado a cien metros del edificio que anteayer colapsó.
Ayer por la tarde, una casa de tres plantas se convirtió en el refugio de 65 personas que vivían en el edificio derrumbado y también de aquellas cuyos hogares, situados en la zona del colapso, debieron ser desalojadas por prevención. Aunque muchos de los 220 evacuados prefirieron pernoctar en casas de familiares o de amigos, el hogar de tránsito fue ocupado, en su mayoría, por extranjeros huéspedes de hostels.
Ante las necesidades de las personas perjudicadas, el gobierno de la ciudad seleccionó un albergue situado en Piedras 1581, en el barrio porteño de Constitución, especialmente para los evacuados.
El parador Azucena Villaflor, con capacidad para alojar a unas 90 personas, funciona, desde 2006, como hogar para mujeres embarazadas. Ocurrido el derrumbe, el gobierno porteño decidió trasladarlas a otros centros de atención y dedicar ese espacio como exclusivo para las personas que debieron desocupar sus viviendas.
¨Necesitaba una ducha¨, afirmó Campos, chilena, de 27 años, oriunda de Concepción. Entre las cuatro jóvenes relataron que, el viernes a la noche, luego del derrumbe del edificio, lograron dormir en el hostel, pero que ayer al mediodía los bomberos comenzaron a desalojar toda la zona. ¨Agarramos lo que pudimos y salimos¨, agregó la colombiana Diana Gómez, de 21 años.
¨Vivimos el terremoto en Chile, el tsunami, y ahora esto¨, afirmó Alejandra Sobarzo, también chilena. A su lado, y sentada en una de las cuchetas, la brasileña Ana Carla Fernández, de 34 años, no disimulaba su preocupación. ¨Si por mí fuera me volvería a Brasil mañana mismo -dijo en perfecto español-, pero mi pasaporte quedó en el hostel¨.
Pasadas las 17, las camionetas del gobierno de la ciudad ya habían trasladado a más de 40 personas. Los coordinadores inscribían a los damnificados en una planilla y les designaban sus habitaciones.
¨Nos dieron comida, cepillos de dientes, toallas, todo¨, contó Juan David Cerna Cortés, colombiano, de 19 años, en el patio del albergue mientras fumaba un cigarrillo. ¨Cuando cayó el edificio estaba en mi habitación lavando los platos y escuché un ruido fortísimo, como las turbinas de un avión. Abrí la ventana y se llenó toda la sala de polvo¨, explicó.
Patricia Salas Cháves cumplió 64 años anteayer: mientras estaba en su casa, ya vestida ¨con brillos¨, como lo definirá ella misma, tocaron el timbre. ¨Era un bombero que me pidió que desalojáramos el edificio¨, repasó la mujer.
A las 4 de ayer, Salas Cháves llegó a otro refugio provisto por el gobierno porteño, en La Boca. ¨No pude ni dormir del miedo que tenía, era un lugar muy frío. Esto es otra cosa¨, dijo, mientras paseaba la mirada sobre la amplia sala de estar del refugio de Constitución, de tres plantas y 17 habitaciones.
Fuentes del Ministerio de Desarrollo Social informaron a La Nacion que anteayer unas 50 personas debieron pernoctar en el hogar de Pedro de Mendoza 1572, en el barrio de La Boca.
Otros evacuados lo hicieron en casas de familiares y de amigos o en la misma calle.

El vecino que con una llamada salvó vidas
Por Fernando Massa

Saca su teléfono celular y busca el registro de la llamada para que no quede ninguna duda. Puede leerse: 4 de noviembre de 2011, 16.01 horas. El número marcado es el 103, al que llamó en dos oportunidades.
Gracias a ese llamado que hizo Carlos Vacca al 103 -número de emergencias del gobierno de la ciudad- Defensa Civil pudo evacuar a tiempo el edificio de diez pisos que, dos horas y media después, se vendría abajo sin dejar víctimas mortales ni heridos.
Propietario del 1° B donde vivía con su mujer y sus tres hijos varones, Vacca relata con tono pausado a La Nacion la sucesión de hechos que llevó a ese llamado fundamental para que el derrumbe no se convirtiese en una catástrofe que fuera más allá de las pérdidas materiales.
¨A las 15.30, la pala mecánica con la que estaban trabajando en la obra de al lado tocó mi pared. Me acerco a la ventana que da a este predio y veo que la gente que estaba trabajando sale corriendo¨, cuenta.
¨Después, nos dimos cuenta de que, cuando la pala tocó la pared, fisuró el lateral del edificio. En el momento, bajé a hablar con los ingenieros de la obra y me dijeron que me quedara tranquilo¨, continúa Vacca.
Pero a las 16.01 se decidió a tomar el celular y llamar al 103 para pedir que fueran de forma urgente. Hizo dos llamadas y respondieron enseguida. ¨Después, bajé y toqué todos los timbres del edificio, pero me atendió uno solo. También llamé al administrador para que venga a ver la obra, pero nunca vino¨, dijo.
Según Vacca, desde que empezó la obra y hasta un día después de que se produjo el accidente, el administrador del consorcio ni se apareció por la zona.
Carlos Vacca vivía con su familia en ese departamento de tres ambientes desde hacía 23 años. Cuando piensa en los valores que dejó ahí adentro asegura que lo que más va a recordar son las fotos familiares y los regalos de sus hijos y nietos. Una mezcla de sacrificio y sentimientos, precisa.
Ahora el refugio familiar es la casa de una tía en el conurbano bonaerense. Son ocho viviendo allí. Rubén, el único de los hijos de Carlos que pasó la noche en el refugio del gobierno en Pedro Mendoza, dice que no piensa volver a pasar la noche allí.


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