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Tres plagas porteñas
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Lunes, 10/12/2012
La Nacion - 04/04/2010
Editorial II

¨Trapitos¨, limpiadores de parabrisas y piqueteros encapuchados están nuevamente en la mira de Mauricio Macri
El jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires se ha propuesto agravar las penas que en el Código de Contravenciones local sancionan a esas dos primeras actividades y, además, promover en ese mismo texto intervenciones que le pongan límites al piqueterismo encapuchado y munido de palos. Casi de inmediato, la oposición legislativa se ha propuesto impedirlo, haciendo gala de una actitud en la cual se dan la mano la hipocresía, la intolerancia y la aspiración de obtener réditos políticos, haciendo caso omiso del parecer mayoritario de la sociedad.
Cuando Macri hizo pública esa intención reformadora, distintos legisladores de la oposición porteña, como Fabio Basteiro, Eduardo Epszteyn, Martín Hourest y el jefe del bloque kirchnerista, Juan Cabandié, lo acusaron absurdamente de ¨odiar a los pobres¨ y sustentar la pretensión de ¨criminalizar la protesta social¨ y atacar el derecho a manifestarse libremente.
Si los legisladores ignoran que la desfachatada conducta de los ¨trapitos¨ no sólo está tarifada, sino que, además, desprecia las monedas y, en cambio, exige billetes contantes y sonantes, sería menester ponerlos en conocimiento de esas modalidades callejeras y, asimismo, notificarlos de que los desprevenidos conductores que omiten pagar tan extemporáneo tributo suelen encontrarse con sus autos rayados o, en su defecto, con los neumáticos desinflados. Y no menos peligrosa es la actividad de los limpiadores de parabrisas, quienes de manera muchas veces prepotente imponen sus pretensiones incluso a los que rechazan su ¨ayuda¨: ocurre que en ciertos parajes de la ciudad, los supuestos limpiavidrios suelen ser la vanguardia de la comisión de arrebatos por sorpresa o a mano armada.
En cuanto a los piqueteros encapuchados, el derecho de manifestarse libremente está garantizado por la Constitución nacional, es cierto, pero con la razonable reserva de que no debe vulnerar derechos ajenos. La intimidante apariencia de esos manifestantes amedrenta y, sobre la base de la pura prepotencia, fuerza las clausuras frecuentes y extemporáneas de la vía publica, llevadas a cabo en contra de la voluntad mayoritaria de la población.
Pero con tal de obtener torcidas ventajas políticas, la oposición legislativa parecería dispuesta a llegar al extremo de rehuir el diálogo democrático, padre de la convivencia social, y estar dispuesta a apelar a la acusación careciente de fundamentos dictados por el sentido común. Elude la búsqueda del consenso y opta por una parcializada argumentación, que, salta a la vista, no se condice con la realidad, puesto que sin avergonzarse ampara a tres lacras de la vida cotidiana en la ciudad de Buenos Aires.


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