Buscan una salida para evitar que cierre la confitería Richmond

Por
eduardoepszteyn
Lunes, 03/12/2012
Clarín 11/08/2011REACCION POLITICA ANTE UNA INICIATIVA PRIVADA
La Legislatura podría darle hoy protección legal a uno de los 60 bares notables de la Ciudad.
Romina Smith
El cierre de la confitería Richmond, el clásico café de Florida 468, y uno de los 60 bares notables de la Ciudad, puso en alerta a distintos sectores que reclaman medidas para evitar que baje la cortina. Al aviso oficial del ministro de Cultura, Hernán Lombardi, quién aseguró que buscará avanzar en un acuerdo para mantener el uso del edificio como bar, ayer se sumaron legisladores de distintos bloques quienes acordaron tratar en la sesión de hoy un proyecto de ley para evitar el cierre de la Richmond.
Ante la repercusión que tomó la noticia de que los nuevos propietarios (un grupo inversor dedicado a los bienes raíces) tienen previsto, a fines de mes o a principios de septiembre cerrar definitivamente (despidos incluidos) para dejar el amplio salón de la planta baja (de 650 m2) en manos de una franquicia de la firma de ropa deportiva Nike, en la Legislatura y contrarreloj se presentaron varias iniciativas que buscan la protección del emblemático café.
La idea es consensuar un proyecto hoy por la mañana y poder tratarlo sobre tablas en la sesión de la tarde. Para que sea aprobado se necesita el voto de los dos tercios del cuerpo. Uno de los proyectos lleva la autoría de Eduardo Epszteyn (Diálogo por Buenos Aires) y Gabriela Alegre (Frente para la Victoria) y apunta a declarar a la Richmond sitio de interés histórico, cultural, arquitectónico y urbanístico. Así, el edificio estaría al resguardo y cualquier cambio de rubro comercial debería ser aprobado por la Ciudad. Otros proyectos impulsados por legisladores macristas apuntan a declarar al lugar como sitio histórico en el marco de la ley 1227 de protección al patrimonio cultural, lo que podría llegar a impedir su cierre o al menos prohibiría una modificación en el uso comercial, es decir, que no estaría permitido el cambio de la actividad gastronómica hacia una tienda deportiva.
Ayer por la mañana desde la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico y Cultural de la Ciudad le admitían a Clarín que las leyes actuales (la norma porteña 2548 de protección cultural) y la figura de ¨Bar Notable¨ que ostenta la confitería no impedían el cambio de rubro y que ellos apuntarían a conseguir la sanción de la ley que la declarara sitio histórico.
Nike todavía no emitió un comunicado oficial sobre el tema. Pero sí hizo público que en caso de que avance la apertura de su local, no va a hacer cambios estructurales en el edificio.
De todas maneras, hay quienes apuntan a que el bar no cierre sus puertas y mantenga ese estilo inglés que lo distingue desde que abrió sus puertas, en 1917. ¨La figura le otorgaría el paraguas de la ley 1227 de protección al patrimonio cultural, impidiendo su cierre¨, aseguró Lilian Capano, a cargo de la Comisión.
La noticia sobre el cierre de la Richmond también impactó fuerte en las redes sociales.
Desde Twitter, donde el tema fue uno de los más comentados ayer, el grupo ¨54 Bares¨ (defensores en Internet de los Bares Notables) ya salió a convocar a vecinos y a difundir un comunicado en el que propone recuperar la gestión del bar para que pueda reabrir con un modelo exitoso como el de Las Violetas o el Café de los Angelitos.
Y de hecho estaba confirmado para mañana a las 16 un abrazo simbólico al edificio contra el cierre. Claro que todo puede cambiar si efectivamente hoy la Legislatura evita por ley que la Richmond baje la cortina y cambie de rubro.
Opinión
Un pedazo de pasado que merece un futuro
Rosendo Fraga - CENTRO DE ESTUDIOS UNIÓN PARA LA NUEVA MAYORÍA
La confitería Richmond es de esos lugares de una ciudad que tiene sentido conservar. Un registro de la memoria colectiva.
En las primeras décadas del siglo XX, la calle Florida era en esos años la gran arteria de la capital argentina. Lo era por sus comercios, por sus lugares de recreación, por la gente que la transitaba, por sus edificios. La sede del Jockey Club, de la Sociedad Rural, el diario La Nación y las casas Harrods y Gath y Chávez, anticipo de lo que décadas después serían los shoppings.
En esos años, un Presidente como el General Agustín Justo paraba a tomar un café con algún ministro que lo acompañaba en la Richmond. Y entraba a comprar libros en la librería de Suárez, a media cuadra de la confitería, donde alguna vez se lo vio armando la vidriera. No era un caso aislado; en esos años los políticos estaban mucho más cerca de la gente que hoy.
La Richmond no era un centro de reunión política de por sí, como lo era la Confitería de Molino en la esquina del Congreso, o el Café Tortoni sobre la Avenida de Mayo, el primero lamentablemente cerrado y el segundo afortunadamente conservado y muy concurrido.
Pero entre los sesenta y los ochenta, era un lugar de encuentro previsto, de periodistas y políticos.
En mis recuerdos, las mesas de la Richmond se vinculan a conversaciones, discusiones sobre política en distintas épocas.
Registro haberme encontrado allí con Italo Luder y Fernando de la Rua, entre otros. Era un lugar agradable. Nadie se escondía. Tampoco se exhibían.
La Ciudad fue cambiando con los años, Florida entró en un período de decadencia. Pero la Richmond se mantuvo fiel a su estilo. Logró sobrevivir con dignidad.
Los tiempos también cambiaron y el turismo ha generado nuevos fenómenos, nuevos significados.
Conservar la Richmond no sólo es preservar un pedazo de historia, memoria o identidad. También es contribuir al patrimonio turístico de Buenos Aires. Un pedazo de pasado que merece un futuro.

Por
eduardoepszteyn