Por Ricardo Roa. Hay cosas de buena gente, como darle una mano a los amigos para que ahorren o ganen plata. Es lo que hizo el abogado y ex productor de programas periodísticos José María Núñez Carmona, a la vez socio reconocido del vicepresidente Amado Boudou.
Nos vinimos a enterar de que Núñez Carmona pagaba de su propio bolsillo pasajes en avión que ponía a nombre The Old Fund para que ese fondo fantasma, dirigido por su amigo Alejandro Vanderbroele, pudiera descontarlos del impuesto a las ganancias.
Es lo que argumenta ahora su defensa para intentar justificar por qué The Old Fund bancó numerosos viajes de Núñez Carmona y de Juan Bautista Boudou, hermano del vice, al exterior.
¿Alguien puede creer que eso sea verdad?
La precisión sobre Núñez Carmona y los pasajes comprados por The Old Fund la hizo en Tribunales Agustina Seguín, que convivió once años con el vicepresidente.
La ex pareja de Boudou era quien le vendía los aéreos a Nuñez Carmona.
No es una historia menor: detrás de esos tickets y de los personajes asoma la trama secreta del mayor escándalo de corrupción que envuelve al Gobierno.
El eje es el desembarco de The Old Fund en Ciccone, que la AFIP había mandado a la quiebra y fue rehabilitada en una operación que impulsó Boudou y avaló el jefe de los recaudadores, Ricardo Echegaray.
Boudou está imputado por los delitos de negociaciones incompatibles con la función pública y enriquecimiento ilícito. A su vez, Nuñez Carmona y Vanderbroele, cuya ex mujer dice que es testaferro de Boudou, son investigados por lavado de dinero. The Old Fund se mueve como un fondo buitre y compró Ciccone sin poner un peso:
consiguió del poder una moratoria excepcional y la orden para hacer 410 millones de billetes de $ 100.
El contrato se lo dio la jefa de la Casa de Moneda,
Katya Daura, que llegó al cargo por
Boudou y dijo ayer que ¨
los billetes mayores de $ 100 contribuyen a la evasión, a una economía en negro y no son necesarios¨. Cuando salieron los billetes de $ 100,
¿contribuyeron a eso?
Las de Daura fueron declaraciones definitivamente estrambóticas:
en 2003 había en circulación 180,7 millones de billetes de cien: hoy llegan a 1.700 millones. La cantidad se multiplicó casi por diez. Hay una sola manera de explicar este salto:
se llama inflación o, mejor, inflación real, la que el INDEC jamás reconocerá.
Se aliviaría la necesidad de andar cargados de billetes que han perdido valor si se imprimieran de $ 200 o de $ 500. Claro está, también hubiera menguado el negocio que se le adjudicó a Ciccone, a la que Daura contrató supuestamente sin saber quiénes son sus dueños.
¨
Se espera que una vez que se inicie el cálculo de su valor, vendrán los dueños (de Ciccone) a reclamar¨, dijo. O sea, recién los vamos a conocer cuando ellos decidan presentarse. Si no, nunca.