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Pensar antes de hablar
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Miercoles, 07/11/2012
Pensar antes de hablar
Dominar un estilo emocionalmente correcto es clave para la convivencia.
Hoy se sabe que el éxito de una persona en sus relaciones sociales depende muchísimo de su habilidad para usar un lenguaje emocionalmente correcto. Es decir, hablar controlando sus emociones negativas y canalizando éstas positivamente para sentirse bien ella misma y hacer sentir bien a los demás.

El objetivo es pensar antes de hablar. Si no controlas las emociones, te comportas irreflexivamente, sin pensar, esto es, reaccionas (eres “reactivo”). Si, en cambio, aprendes a controlarlas (piensas antes de hablar), actúas (eres “proactivo”). Quien no domine el arte de expresarse bajo estos parámetros está condenado a la infelicidad; y lo que es mucho peor, al conflicto permanente.

Lo que nosotros decimos y cómo lo decimos puede tener poderosos efectos en nuestras relaciones, acercándonos más a las personas o distanciándonos de ellas. Una sola frase puede convertirse en una caricia o dejar una cicatriz difícil de curar. ¡Según usemos las palabras, éstas pueden convertirse en ventanas abiertas de par en par o en muros infranqueables!

¿Cuál es el secreto, pues, para dominar este nuevo estilo de comunicación?

La crítica, por ejemplo, es algo muy común en las relaciones humanas. Surge a diario. Pero criticar es como el aceite de ricino: muy fácil de recetar, pero difícil de tomar. Sin embargo, pocos saben hacerlo para conseguir el efecto deseado. En vez de mejorar la situación o la conducta de alguien, la crítica empeora la situación.

El objetivo es pensar antes de hablar. Si no controlas las emociones, te comportas irreflexivamente, sin pensar, esto es, reaccionas
En parte, por falta de habilidad para hacerla, y, en parte, por el deseo de cambiar al otro. También por buscar con la crítica el desahogo personal o la venganza por algo que nos enrabietó en el pasado. La primera regla de oro es: evitar las críticas (pregúntate: ¿qué hubiera hecho yo en su lugar?) Pero, si es absolutamente necesario hacerlas, hay que tener presente que solo se debe criticar por dos razones: a) para solucionar un problema, y b) para modificar una conducta.Las relaciones de pareja, por ejemplo, son un campo abonado para los reproches.

Aunque hombres y mujeres hablen el mismo idioma, eso no significa que siempre se entiendan. Frases como: Tú no me comprendes, Tú nunca me prestas atención, Tú me provocaste, ¡Pues tú, el año pasado hiciste lo mismo!... son mensajes en los que el “tú” se concentra en la otra persona, lo que equivale a “culparla”.

En cambio, usando el “Yo” concentras la atención en ti mismo. La solución está en decir lo que sientes en vez de emplear acusaciones contra el otro.Mucha gente elige sus palabras cuidadosamente mientras habla con la pareja, los amigos, los colegas del trabajo o las personas que no conoce. Sin embargo, cuando está nerviosa, irritada o se pone a la defensiva, puede decir frases inoportunas, contraproducentes u ofensivas.

Pero si somos capaces de controlar nuestras emociones estaremos en disposición de elegir mejor las palabras, anulando las que potencialmente puedan ser negativas y perjudiciales, tanto para nosotros como para nuestros receptores. Elijamos bien las palabras, siguiendo la idea de Platón cuando afirmaba que “buscando el bien de nuestros semejantes, encontraremos el nuestro”.

Aprender a expresarse de forma emocionalmente correcta nos llevará automáticamente a un cambio positivo en nuestras relaciones personales. Mi libro intenta mostrar que no es difícil hablar positivamente.

Escuchar activamente, emplear más frecuentemente el elogio que la crítica, hacer los reproches justos y necesarios con respeto y generosidad, discrepar sin ser desagradable, saber agradecer los favores, así como dar negativas sin que el receptor lo tome como un rechazo a su persona, te ayudarán a fortalecer y enriquecer tus relaciones con los demás, sin que nadie se sienta amenazado, vulnerable u ofendido.

No nos comportemos como el torero y el toro en la plaza. ¡Es seguro que enfocan la corrida de modo opuesto! He aquí, en resumen, la filosofía de mi libro: Es emocionalmente más correcto elogiar que criticar; responsabilizarse, que culpar; discrepar, que disputar, persuadir, que imponer, respetar, que tolerar; sugerir, que ordenar; solucionar, que quejarse; reconocer los errores, que exculparse; escuchar, que interrumpir; rechazar ofreciendo alternativas, que decir solo “no”; hablar de “nosotros, que del egocéntrico “yo”.

Hablar y conducirse controlando las emociones es, por tanto, una posibilidad que hay que aprovechar para no ofender o hacer sentir mal a las personas que nos rodean. Como artesanos de nuestras propias frases debemos aprender un lenguaje emocionalmente correcto. Con él, fomentaremos un nuevo estilo de comunicación, más saludable, equilibrado y exitoso.

¿No merece la pena intentarlo? ¿Es posible? ¡Absolutamente! En este libro, hallarás el análisis emocional de las frases, las estrategias a seguir y numerosos ejemplos a aplicar que te harán sentir una persona nueva. Frases mágicas que mejorarán para siempre la visión de tu propia vida y la de los demás.



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