¿Desesperación oficial? Los desaciertos del Gobierno ante el 8N. LOS ESPEJOS DE DE LA RÚA Y ALFONSÍN.
Por secretosaldesnudo
Lunes, 05/11/2012
¨Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy tan seguro¨. Albert Einstein.
La desesperación tiene muchas veces los rostros más impredecibles. Uno de ellos es la estupidez. Es lógico: cuando no se sabe cómo actuar, se apela al célebre e inmanejable manotazo de ahogado, que puede llevar a las sendas más desconocidas y peligrosas.
Es lo que ocurre en estas horas, luego de que el Gobierno manifestara su elocuente falta de reflejos frente a la marcha que se prepara para el próximo 8 de noviembre. Es que, en su desesperación por desactivar esa mega manifestación, el oficialismo ha cometido todos los errores posibles.
Si es que existe un manual de desaciertos, este ha sido puntillosamente estudiado y llevado a cabo desde la mismísima Casa de Gobierno. Veamos por qué.
Primer error: es contradictorio sostener que no existe preocupación alguna por el 8N por parte del kirchnerismo, al tiempo que se instruye a blogueros y periodistas K —dinero mediante— para que manchen el espíritu de la movilización. ¿Cómo se entiende que se movilice a toda una tropa oficial si en teoría no hay inquietud por lo que va a ocurrir?
Segundo error: apelar a la mentira para ensuciar la marcha, asegurando que hay motivaciones concretas detrás de esta. Es posible que pequeños grupos con intereses personales se inmiscuyan en la movida, pero no tienen nada que ver con el real espíritu de la misma. Lo único que logra el Gobierno con esta afirmación, es que muchos de los que hasta ahora no se mostraban convencidos de concurrir, terminen de hacerlo.
Tercer error: buscar organizadores interesados en torno al armado de la manifestación. La acusación es tan ridícula que cae por propio peso. ¿Quién tendría poder de convocatoria como para agrupar a millones de personas en todo el país? ¿Realmente nos quieren hacer creer que a través de inocentes redes sociales se puede liderar una protesta de tal magnitud? Si así fuera, ¿por qué las páginas de Facebook que arman los rentados cyber militantes tienen tan poca adhesión?
Cuarto error: victimizarse hablando de un intento de desestabilización contra el Gobierno. Si existe semejante movida, ¿por qué el kirchnerismo no hace la correspondiente denuncia ante la Justicia? En lugar de ello, el ministro Julio Alak ha impulsado un expediente judicial contra periodistas de este medio por incitación a escraches y cacerolazos, el cual increíblemente permanece bajo secreto de sumario desde hace meses.
De más está decir que, como decisión editorial, Tribuna de Periodistas ha optado desde un primer momento por no opinar sobre las manifestaciones y cacerolazos. Debe decirse que, si se hubiera optado por lo contrario, no configuraría esto delito alguno.
Quinto error: utilizar el aparato de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) para atacar a los ¨enemigos del modelo¨. Al usar los recursos del Estado en contra de sus propios financistas —es decir, los ciudadanos— se deja abierta la puerta a una denuncia por malversación de fondos públicos.
Otra cuestión: el inaudito escrache se lleva a cabo a través de la tergiversación de datos en medios alineados al kirchnerismo como los diarios Tiempo Argentino y Página/12, paradójicamente vinculados al espionaje local. Los periodistas de TDP están curados de espanto a ese respecto: en esos medios los han acusado de golpistas, antisemitas, desestabilizadores, menemistas, duhaldistas, clarinistas, etc, etc. Tal rosario de acusaciones termina siendo contradictorio en sí mismo y poco creíble. Esa conducta hace que los medios referidos sean cada vez menos consumidos.
Sexto error: subestimar a la ciudadanía. Quienes salen a las calles a protestar lo hacen por su hartazgo ante tanta corrupción y cercenamiento de sus libertades. Si estos buscaran en verdad derrocar al gobierno, ¿por qué esperaron nueve años y medio para hacerlo?
De todas las acusaciones oficiales mencionadas, esta última es la más disparatada. Los ciudadanos no saldrían a las calles si obtuvieran respuestas concretas por parte del Gobierno. Sin embargo, ante el persistente silencio oficial no parece haber alternativa. ¿Qué debería hacer la sociedad? ¿Reclamar ante jueces que claramente están alineados al oficialismo?
Le será muy difícil al kirchnerismo explicar la enorme convocatoria del próximo 8 de noviembre sin caer en supuestas conspiraciones. Aún cuando intente desestimar la protesta diciendo que los manifestantes son en realidad “ingratos ciudadanos de clase media”, ¿cómo minimizar el impacto de tamaña muestra de fuerza popular? ¿Es acaso delito protestar si no se pertenece a la clase más pobre de la Argentina?
El nerviosismo del Gobierno por lo que ocurrirá el próximo jueves es evidente, eso está claro. Lo más doloroso para sus funcionarios parece ser el hecho de no poder hacer nada al respecto. Todas las opciones que oportunamente se evaluaron fueron inmediatamente descartadas por su predecible ineficacia, principalmente la idea de Luis D’Elía de hacer una contramarcha. ¿Quién apoyaría una movida llevada adelante por un enriquecido “piquetero”, cuyos hijos cobran sueldos desorbitantes en la Anses?
Lamentablemente para los K, la fiesta parece haberse acabado y las inquietudes oficiales se empiezan a hacer cada vez más notorias. Es muy similar a lo vivido en los últimos años del menemismo, cuando las divisiones internas se empezaron a hacer evidentes.
Antes de insistir con su obcecación, Cristina debería mirar a otros dos espejos de la historia que peligrosamente se parecen a lo que se vive en estos días: uno es el reflejo de lo sucedido en 2001, cuando Fernando De La Rúa terminó fuera del poder luego de mostrarse desinteresado en movilizaciones sociales similares a las de ahora.
El segundo es el que le tocó vivir a Raúl Alfonsín en 1989, luego de intentar tapar los problemas de la economía con las mismas herramientas discursivas que hoy utiliza el kirchnerismo.
En ambos casos, el final de la historia ha sido casi calcado. ¿Debe presumirse entonces que es eso lo que busca Cristina?
Christian Sanz
8N y 7D: la Argentina de los extremos
Las divisiones políticas recorren, de punta a punta, toda la historia argentina. Pero en algunas etapas recrudecen a tal punto que dominan completamente la escena y terminan licuando a los sectores que no se alinean en alguno de los bandos para la supuesta ¨batalla final¨.
Ese es el clima político que se respira en el país a escasos días de la protesta nacional conocida como el 8N y a poco más de un mes del 7D, una fecha clave para el calendario oficial. Mientras tanto, hay señales que dan cuenta del nivel de ansiedad y nerviosismo que se apodera de distintos estamentos del poder.
El violento discurso del diputado oficialista Andrés Larroque y la reacción opositora con su retirada intempestiva del recinto de la Cámara baja, dieron cuenta cabal de esta situación. Así las cosas, la virulencia política le restó apoyo a la flamante ley para que los jóvenes puedan votar desde los 16 años.
La desafortunada actuación del jefe de La Cámpora le valió un pase de facturas interno en el bloque oficialista, que ahora deberá esforzarse más de lo previsto para aprobar el ¨per saltum¨ y la modificación del mercado de capitales, contando los ¨porotos¨ hasta de aliados como los diputados neuquinos y santiagueños.
Sin embargo, no todo el camporismo actuó de la misma manera: en la Legislatura porteña, Juan Cabandié selló un acuerdo con el PRO y el kirchnerismo dio su apoyo a un paquete de leyes que reclamaba el alcalde Mauricio Macri. A cambio, obtuvo otras tantas, ante la impávida mirada del resto del arco opositor de la Ciudad.
La reclusión presidencial
Cristina Kirchner permaneció casi toda la semana recluida en la quinta de Olivos, afectada por un cuadro de baja presión, y luego partió hacia El Calafate un día antes de lo previsto. Sólo apareció en público en un acto en la Casa Rosada donde aseguró que la Argentina pagará su deuda externa en dólares.
El mensaje presidencial recogió el guante luego de que las calificadoras Standard&Poor´s y Fitch pusieran en duda la capacidad de pago de la Argentina, en un contexto en el que sobresalen el penoso caso de la Fragata Libertad retenida en Ghana y un fallo favorable de la Justicia de Nueva York para los ¨fondos buitre¨.
Encima, el Gobierno de Sudáfrica le confirmó al canciller Héctor Timerman —de visita oficial en Pretoria— que la corbeta Espora de la Armada argentina corre serio riesgo de ser embargada mientras siga amarrada en el puerto de Ciudad del Cabo, hasta donde llegó para reparar un desperfecto técnico.
Igualmente, se trata de casos aislados, porque la Argentina no entró en zona de default. Esto se debe centralmente a que en los últimos años cambió el perfil de la deuda y actualmente el 55 por ciento de los bonos están en poder del Estado, que se financió a sí mismo con recursos como los de la Anses.
En el campo económico también se destacó esta semana la aprobación del Presupuesto 2013 a nivel nacional y en la provincia de Buenos Aires, donde el gobernador Daniel Scioli respiró aliviado luego de afrontar este año más de un dolor de cabeza por recursos que fueron mal calculados en su oportunidad.
La reforma y la protesta
Pero toda la atención del momento se la lleva la política, en vísperas de una semana conflictiva. Hasta el senador Carlos Reutemann rompió su habitual mutismo para augurar que las elecciones legislativas serán ¨un gran desafío¨ para el Gobierno, dado el ¨deterioro de la imagen de la Presidenta¨.
El santafesino fue uno de los 28 senadores nacionales que firmaron una declaración contra la reforma constitucional, en una jugada destinada a anticipar una maniobra del oficialismo en ese sentido. A su vez, la diputada oficialista Diana Conti habló de ¨alternancia boba¨ y ratificó su apoyo a la re-reelección.
Alejada de estas especulaciones, la Presidenta afrontará desde mañana una agenda cargada de apariciones —con cadena nacional incluida— en un intento por controlar la escena y desinflar la protesta del jueves. Será difícil que lo logre, entre otras cosas por la polarización que fomenta el propio kirchnerismo.
Mientras tanto, sectores de la oposición anunciaron su apoyo a la marcha, desde peronistas como José Manuel de la Sota y Francisco de Narváez hasta el macrismo, pasando por los gremios afines a Hugo Moyano; y una porción del radicalismo. Aunque está claro que no primarán las identificaciones partidarias.
Los oficialistas con perfil propio como Scioli, el intendente Sergio Massa y el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey también tendrán un ojo puesto en la protesta, para desentrañar el mensaje en caso de que logre empardar o superar la convocatoria que tuvo el cacerolazo del 13 de septiembre último.
Aunque, en definitiva, será una nueva demostración de la Argentina dividida que supimos conseguir.
Mariano Spezzapria
Agencia NA
La curiosa estrategia de Cristina para contrarrestar el 8N
No hay quien lo niegue en Casa de Gobierno: la movida del próximo 8 de noviembre tiene a Cristina Kirchner a mal traer. Incluso hay quienes aseguran que el cuadro de lipotimia que sufrió esta semana, se debió a los nervios que le provoca la cercanía de esa fecha.
Esa incomodidad motivó la creatividad en las redes sociales y ciertos sitios de Internet que imaginan jugadas gubernamentales imposibles, como contramarchas y avance sobre la sociedad por parte de la Gendarmería nacional. La cabeza de la Presidenta, por suerte, lejos se encuentra de esas ideas.
¿Cuál será entonces la estrategia para contrarrestar los nocivos efectos del 8N? Mayormente anuncios de diversa índole, algunos políticos y otros sociales. Por ejemplo, según revela Mariano Obarrio en diario La Nación, Cristina programó cuatro días de apariciones, con tres videoconferencias cada una, con fuertes anuncios, inauguraciones y definiciones.
Por lo que trascendió oficialmente, el lunes próximo a las 18 h, la mandataria encabezará un acto en Tecnópolis que se transmitiría por cadena nacional y al mismo tiempo hará teleconferencias con Santiago del Estero, Salta y Almirante Brown, en territorio bonaerense.
El martes, hablará desde la Casa Rosada con San Luis, La Pampa y Puerto Madryn. El miércoles no se sabe qué hará, aunque el jueves, día de la protesta en sí, presidirá un acto en Ezeiza al mediodía, horas antes en línea directa con Tucumán y Tecnópolis.
¨La idea es que los anuncios licúen el contenido de la marcha del 8-N. Pero están todos bajo siete llaves. No se sabe nada¨, dijo ayer a ese matutino un alto funcionario de la Casa Rosada. Puertas afuera de la Casa Rosada, la línea argumental es quitarle importancia a la protesta. ¨Ni la consideramos, no nos parece relevante¨, dijo otro vocero.
Mientras esto ocurre, hay funcionarios que insisten en llenarle la cabeza a Cristina con ideas de supuestos intentos de desestabilización contra su gobierno. Ella les cree, pero cada vez menos.
El motivo es sencillo: se trata de los mismos que hasta ahora erraron en todos sus pronósitcos y cuyas ideas no sirvieron para acrecentar la figura presidencial, sino todo lo contrario. Al top de la ¨llenada de cabeza¨ a Cristina hay dos polémicos diputados, Carlos Kunkel y Diana Conti. El desgaste que sufren ambos se debe a lo antedicho: nada de lo que profetizaron se cumplió, y la Presidenta se los ha hecho saber de la única manera que sabe, eclipsándolos.
El 8N es una realidad demasiado cercana, ¿le alcanzarán a Cristina todos sus anuncios para debilitar el significado de esa fecha? Es algo que se sabrá el jueves que viene. Habrá que esperar.