Esta película yo ya la vi...
La otra noche, haciendo zapping con la televisión, noté que estaban dando una película que había visto hacia algún tiempo. La recordaba bien porque me había gustado mucho. Por eso, luego de unos minutos, me volví a enganchar y la miré otra vez. Es una historia larga, que comienza con el encuentro/romance de un adolescente con una mujer un poco mayor que él. En un momento ella desaparece sin que él sepa bien por qué ni dónde y luego la vuelve a encontrar cuando la están juzgando por unos crímenes de guerra. Mientras avanza la historia se va develando un secreto que la protagonista guarda celosamente y que el protagonista y el espectador recién conocen más avanzada la trama. Al mirar la película por segunda vez, yo ya sabía el secreto. Eso me hizo percibir un montón de detalles que no había notado la primera vez que la vi. Había pequeños gestos, miradas, palabras, que cobraban un nuevo significado si uno conocía cómo iba a seguir la historia. Tal vez por eso me volví a “enganchar” con una película que ya conocía, porque al verla de nuevo, era otra historia la que percibía y disfrutaba.
Y me quedé pensando si en la vida era posible hacer algo parecido: volver a mirar algo vivido y descubrirle detalles nuevos y, tal vez, comprenderlo mejor. En definitiva, creo que esa es la función de la memoria en nuestra vida: volver a pasarnos la película para entender quiénes somos y hacia dónde vamos.
Es cierto que muchas veces los acontecimientos no tienen vuelta atrás; cada día es único e irrepetible y lo que hayamos hecho en él no lo vamos a poder borrar de nuestra historia. Podremos reparar los errores cometidos, podremos cambiar hacia el futuro, pero el pasado tiene algo de inamovible. “Lo hecho, hecho está” dijo Pilato, y la sabiduría popular lo viene repitiendo desde entonces. Esta característica del pasado puede hacernos suponer que no es bueno andar hurgando demasiado en él, que ya no hay nada que hacer y por eso es preferible no recordar ni enredarse en las historias vividas. Pero, si bien es cierto que no vale la pena quedarse llorando sobre la leche derramada, también es cierto que es necesario guardar memoria de lo vivido para poder hacer experiencia y crecer.
Uno de los consejos repetidos a lo largo de la Biblia es el de recordar y hacer memoria. El contenido de la fe bíblica no es una serie de verdades abstractas o de títulos de Dios. Lo que el pueblo de Dios debe confesar como fe verdadera es una historia: el relato de cómo Dios los liberó de toda esclavitud. Por eso cada año, cuando se presentan las primicias de las cosechas, el fiel israelita debe volver a narrar la historia y debe decir:
¨Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. El vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel¨
(Dt 26,5-10). Israel debe recordar y repetir que fue esclavo, debe acordarse de dónde salió, debe tener presente que fueron extranjeros en una tierra lejana, debe guardar memoria de los gestos de amor del Dios que los liberó. De la misma manera, Jesús manda repetir el gesto de la Eucaristía diciendo:
“Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19)
. Los cristianos continuamente volvemos a contarnos la historia de Jesús, sus palabras y sus gestos, porque volviendo sobre ellos es como encontramos luz en nuestra vida.
Pero para que la mirada sobre el pasado no se quede en la nostalgia, en la culpa o en el encierro, es necesario que la memoria sea hecha siempre con ojos nuevos. Es mirar la misma película, pero desde una realidad nueva. ¿Qué parte de tu vida necesitás volver a mirar? ¿Qué memoria de Jesús necesitamos actualizar para renovar nuestra comunidad? Que el Espíritu, que nos recuerda todo lo que Él nos dijo, nos ayude en esta tarea.
P. Willy