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Palacio Balcarce
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Jueves, 01/11/2012
Palacio Balcarce

Escondidos en Buenos Aires hay verdaderos secretos históricos. Éste es el caso del Palacio Balcarce, que luego de décadas de ostracismo, vuelve a estar abierto para una comida en el túnel del tiempo. Fuimos y te invitamos a conocerlo.

Buenos Aires es una ciudad extraña. Su historia parece haberla retorcida sobre sí misma, abriendo algunas zonas y encerrando otras. Hay así partes en expansión, como el barrio de Palermo, donde cada lugar nuevo parece ser una luz más entre otras, y partes en que los lugares que abren parecen nacer escondidos, casi secretos. Esta diferencia -en muchos casos- tiene que ver con la estructura arquitectónica de cada barrio. Es que no es lo mismo un restaurante que se construye en un antiguo taller mecánico de Villa Crespo, que si está en las entrañas de un antiguo e histórico edificio. El Palacio Balcarce pertenece al segundo tipo de lugar. Y lo hace con mucho orgullo.

Recoleta secreta
Así como Buenos Aires es extraña, lo mismo sucede con el barrio de Recoleta. Enrevesado, histórico, laberíntico, extranjero, elegante, desolado. A veces uno parece estar en una postal; a veces en un cuadro. Y solo al sumergirse, adentrarse en él, se puede palpar su espesor, sus historias, la magia que encierra en la textura de cada pared, en el tiempo marcado en cada pedazo del suelo. Todo esto parece confluir en el Palacio Balcarce. Hoy este edificio funciona como el COFA (Centro de oficiales de las Fueras Armadas), pero supo ser la casa de José González Balcarce, cuyo padre fue ahijado del General San Martín. La calle sobre la que está fue en su origen de tierra y unía el sur de la ciudad con el convento de los Recoletos. Era parte del camino hacia Palermo y en su trazado supo haber un circo y la Compañía de Tranvías Buenos Aires en 1869. La entrada por Quintana se abre en un pasillo amplio y luminoso. Hay que avisar y te indican el camino hacia el restaurante. Si uno sigue hasta el fondo, un hermoso jardín es el lugar elegido para los días soleados (disponible por estricta reserva previa). Sin embargo, el lugar elegido por los concurrentes habituales está en el primer piso. Dos muy lindos salones (uno habilitado para fumadores) dividen las mesas y confluyen en un balcón terraza abierto al jardín. Mesas de madera, cuadros antiguos, boisserie, ventanas amplias dejando entrar la luz natural y un clima añoso completan el ambiente.


El edificio se construyó entre 1913 y 1916 bajo el proyecto de Walter Basset Smith, arquitecto británico. Uno podría quedarse horas mirando las paredes, el trabajo sobre la madera de los artesanos que trabajaron en el cambio de siglo para realizar cada panel (muchos de ellos de estilo morisco), o imaginar la vida de las familias que lo habitaron. Pero mejor pensarlo en la mesa: abierto desde media mañana (a partir de las 10:30), ofrece desde un café matinal hasta una cena tardía. Hoy el fuerte es el mediodía, con un menú en el que se puede elegir entre varias opciones: gazpacho andaluz, jamón serrano con ensalada rusa o mini pizza de mozzarella tomate y albahaca como entrada, principales que van de la pesca del día con ensalada verde y vegetales, entraña con papas horneadas al romero, pechuga grillé con puré de calabaza hasta las costillas de cerdo a la riojana con papas españolas. El valor del menú es de $40, e incluye también el postre, la bebida y el café. El encargado de dar vida al lugar es Damián Cicero, quien también comanda el Casal de Catalunya y se sumaron Pablo Aladro en la cocina, y el aporte de Tatiana como anfitriona del lugar. Por la noche la carta es más compleja y ecléctica (como dicen es el estilo del edificio), con entradas que incluyen ostras (dos unidades, $14), empanada gallega ($9), un rico pan especiado con paté de pato, tartar de salmón fresco y ahumado ($22), ranas a la provenzal ($55) o gambas al ajillo ($55). Entre los principales hay rabo de toro al vino rojo ($28), risotto ossobucco milanés ($32), ojo de bife con papas a caballo ($42), magret de pato y confituras ($55) o el cochinillo (que se hizo fama en el Casal, medio por $160), entre otros. Para el postre, clásicos como el flan casero ($12), las peras al borgoña ($12), el omelette surprise ($18) o crêpe suzette ($18).

El lugar abrió en silencio, aunque ya es un secreto a voces en la zona, escondido en el elegante laberinto de un barrio con historia.

Palacio Balcarce (COFA)
Quintana 161
Tel.: 4815-9966
Por el momento solamente efectivo
Realizan eventos y fiestas


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