Misterios Gozosos por el Padre Jozo Zovko
1) La Encarnación del Hijo de Dios
Oh María ! Cuando quizás tú tenías otros proyectos de vida, Dios entró en tu vida con su proyecto especial. Y tú, como humilde sierva suya, generosamente le abriste las puertas de tu corazón. Tu ejemplo me inclina a volverme yo también hacia el Señor para decirle: ¡Ven, Señor! Ven, mi alma te espera con entusiasmo y mi corazón está dispuesto a recibirte. Ven a mis sueños y a mis proyectos, a mis esperanzas y a mis miedos. Entra en mi vida, y seré tu siervo para toda la vida. Sé que no soy digno de que Tú entres en mí, pero sé también que Tú amas a los pecadores y que los buscas continuamente. Por eso, Señor, entra en mis tinieblas, en mis angustias y en mis sufrimientos. Entra allá, desde donde fuiste sacado por el pecado; entra también en aquellos ángulos de mi vida en los cuales he amado más mi voluntad que la tuya¨.
2) La Visitación de nuestra Señora a su prima Isabel
Oh María, fuiste de visita a tu parienta Isabel. Es voluntad de Dios que nosotros llevemos a Jesús, a la vida de los otros, cuando Él entre en nuestras vidas; lo llevamos en las alegrías o en los sufrimientos, en las tinieblas o en las amarguras de los otros. Por eso, oh María, haz que mi amor hacia los enfermos crezca y se desarrolle a tal punto, que en cada hermano o hermana enfermos reconozca a tu Hijo Jesús. Oh María, te ruego, visita cada casa de mi parroquia. Te ruego visitar a las personas solas y abandonadas y en las casas en donde no hay paz ni alegría, particularmente, permanece cerca de las personas que tienen necesidad de amor y de verdad.
3) El nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén
Jesús, Tú estuviste en el pesebre.
No tuviste la posibilidad de nacer en una familia, en una casa como los otros, porque se cerraron llenos de miedo, cargados de egoísmo. Tenían miedo de hacer un sacrificio para ayudar a tu Mamá y pensaban: “Otros quizás puedan; yo no puedo¨.
Jesús, destruye nuestro egoísmo con tu humildad y con tu amor.
Oh María, no quiero solamente hospedarte, sino que vengas conmigo, deseo vivir contigo. Deseo que vengas conmigo a mi familia, deseo y quiero organizar mi familia como Tú desees, como Tú has vivido, veo en Tí a la Mamá de mi familia. Quiero rezar por todos aquellos que sufren, que son rechazados por los demás y se sienten mal. Consuela a todos e ilumínalos para soportar todo y tener alegría y paz.
4) La presentación de Jesús en el Templo
¡Oh, María! Te sigo mientras ofreces al Padre celeste tu Hijo primogénito, para que por medio de Él se realice la salvación. Cuando lo presentabas, seguramente habrás dicho: ¨He aquí, oh Dios, mi Hijo; Él es fruto de mi seno, pero te pertenece, como también yo quiero siempre pertenecerte¨. Contigo, oh María, estoy también yo en el templo delante del Señor, y con tu ejemplo, me ofrezco a mí mismo. Todo lo he recibido y todo lo doy a Él. No quiero retener nada para mí, ni delante de Dios, ni delante de los hombres. Quiero rezar por todos aquellos que viven en dificultad. Ayuda a todos, ilumina a todos. Madre, te ruego por todos los padres, para que sean siempre solícitos en llevar a sus hijos a Jesús, al Padre; de llevar y mantener a los hijos en la Iglesia, en la unión con Dios, y en la fe.
5) El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo
María y José no tenían ni alegría ni paz y ni siquiera podían dormir porque les faltaba su Hijo. Señor, deseo rezar por los padres que han perdido a sus hijos. Deseo rezar para que encuentren a sus hijos, para que los hijos encuentren la familia cristiana que perdieron, para que te encuentren a Tí, Jesús, que han perdido, para que también encuentren la oración que han perdido. Jesús, pon en los corazones de todas las madres, el deseo de buscar a sus hijos hasta encontrarlos, para buscar a los hijos que se perdieron en la droga, en el alcohol, en el ateísmo, en el sexo, en la calle, a los hijos que se alejaron de la Iglesia, que no están con el Padre, con sus padres.
Señor, somos tentados; muchas familias sufren y no tienen paz. Te suplico por la paz, para encontrarte, oh Jesús. Consuela a los padres, cambia los corazones para que todos los padres sigan tu camino, sigan tus mandamientos, tu voz, tu Palabra, ayúdanos, Señor.
Misterios Dolorosos por el Padre Jozo Zovko
1) La oración en el Huerto
Jesús, sudaste sangre en el huerto del Getsemaní. Pediste al Padre que alejara de Tí el cáliz amargo, pero enseguida agregaste: ¨¡Padre, que se haga tu voluntad!¨. Tú que has dado alivio a tantos sufrientes, te encontraste solo durante la pasión. No hubo nadie que te ayudara y aceptaste beber el cáliz amargo. Fue un sufrimiento tan grande que te hizo sudar sangre. Cada pasión y cada sufrimiento del mundo estuvieron allí presentes. Jesús, gracias por cada gota de sangre que derramaste. Desde aquel momento el sufrimiento del mundo se volvió sufrimiento que redime. Te suplico, por tu sudor, mira a todos aquellos que en estos momentos buscan hacer la voluntad del Padre, ayuda también a aquellos que la han conocido, pero son muy débiles para aceptarla. Haz que cada sufrimiento sea santificado para gloria tuya y por el bien de todos nuestros hermanos. Ensénanos a rezar, oh Jesús, danos coraje para rezar.
2) La flagelación de Jesús atado a la columna
Jesús, te flagelaron cruelmente, y aún así, Tú perdonaste a quien te golpeaba sin piedad.
Te agradezco, Jesús. Te adoro y te amo, Jesús. Te suplico, oh Señor, enséñame también a mí el perdón a mis hermanos, por aquellos que me ofenden, por aquellos que me hieren, por aquellos que me maltratan. Haz, oh mi DIOS, que por cada latigazo que reciba, pueda también decir: ¨¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!¨.¡Ayúdame, oh Jesús, a reconocer, aún en el sufrimiento, tu voluntad! Sáname, Señor, de mi soberbia. Jesús, con tu humildad purifícame de todos mis pecados, de mi orgullo.
3) La coronación de espinas
¡Qué despiadado es el odio entre los hombres, no conoce límites! Después de haberte flagelado, mi DIOS, se burlaron de Tí coronándote con espinas. Nosotros somos constructores de la nueva corona, como nueva generación, en nombre de todos. ¡Oh Jesús, vuelve tu mirada hacia todos aquellos que son ofendidos, humillados, heridos, rechazados!
Con tu corona de espinas, ayúdame a perdonar a mis propios opresores. Haz que con el ejemplo de tu amor, no piense jamás una venganza.
Ayúdame a no herir jamás a ningún hermano, ni con mis acciones ni con mis palabras. Oh Jesús, haz también que mi corazón desborde por la alegría del perdón. Quiero, Jesús, ubicarte en el primer lugar, y destruir todos los ídolos, porque eres mi Rey.
4) Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario
Gracias Jesús. Tú fuiste el primero que abrazó la Cruz con amor. Te agradezco. Estoy de rodillas delante de tu Cruz, que se volvió santa. Arrastras la Cruz sobre el monte Calvario. ¡Es tan pesada que te hizo sobre la espalda una profunda llaga! ¡Cuánto sufres, oh Señor! Y en aquel mar de dolores, recibes tres gotas de alivio: el encuentro con tu Madre, el sudario de la Verónica y la ayuda de Simón. Jesús, ayúdame también a mí a ser sensible frente al dolor de los demás, a saber confortar en los momentos difíciles a quienes tienen necesidad de ayuda. Enséname a amar la cruz, a llevar la Cruz como lo hiciste Tú, con amor, con paciencia y humildad, porque es voluntad del Padre que permanezcamos en la alegría aún en las dificultades.
5) La crucifixión y muerte de Jesús
Te adoro, oh Jesús, te amo, Jesús, te agradezco, Jesús. Gracias por tu muerte, gracias por tus llagas, gracias por tus palabras, gracias por tu sangre. Gracias porque con tu ejemplo nos has dado la fuerza para amar y para perdonar, para aceptar tanto las alegrías de la vida como los dolores, porque si los aceptamos como voluntad del Padre, se transformam en camino de salvación, de santificación. Te suplicamos por los moribundos, dales la fuerza para entregar en paz, su espíritu al Padre. Acógenos a todos, oh Señor, en tu paz.
Misterios Gloriosos por el Padre Jozo Zovko
1) La Resurrección del Hijo de Dios
¡Jesús, venciste la muerte! Resucitando demostraste que ningún dolor, ningún odio, ninguna condena es más fuerte que la muerte. Resucítanos también a nosotros, líbranos de la muerte, danos la luz y el don de la resurrección. Oh Jesús, ayúdanos a vivir la vida cristiana, resucita el amor, resucita la fe, resucita la esperanza, resucita el don de la oración, y todo aquello que está en la tumba. Cámbianos, renuévanos, llénanos de paz y de alegría pascual.
2) La Ascensión del Señor al Cielo
Jesús, en la angustia no abandonaste a tus apóstoles, sino que les devolviste la alegría permaneciendo todavía cuarenta días con ellos. Después de tu ascensión al cielo, les diste a todos aquellos que te buscan, el don de tenerte en la Eucaristía. Jesús, te rogamos que nos hagas siempre más conscientes de la inmensa gracia que nos concedes cada vez que meditamos el misterio de tu muerte y de tu resurrección, haznos siempre más conscientes del hecho de que podamos recibirte cada día en la Eucaristía. Oh Jesús, quiero rezar por todos aquellos que han equivocado el camino, ilumina a los que están en la oscuridad. Levántalos a todos, llévalos a todos hacia Tí. Las dificultades son muchas, pero deseamos hoy confiarnos en tus manos, poner nuestras vidas en tus manos. Danos la gracia y la fuerza para imitarte.
3) La venida del Espíritu Santo
Jesús, llénanos del Espíritu Santo consolador, ilumínanos con la luz de tu Espíritu, y haz que también nosotros, imitando el ejemplo de los Apóstoles, y a través de las enseñanzas de tu Palabra, podamos volvernos luz para quien está en tinieblas, consuelo para quien está en la angustia y alivio para quien está en el sufrimiento. Mándanos tu Espíritu capaz de iluminarnos, de renovarnos, de darnos un corazón nuevo y una fe justa, fuerte, viviente. Ayúdanos, Señor.
4) La Asunción de María al Cielo
Oh María, acertaste vivir hasta las últimas consecuencias la voluntad del Padre y ahora entras en la gloria del Cielo. ¡Nada te asustó, ni siquiera la desgarrante agonía de tu Hijo!
Oh Madre del Cielo, infunde también en nosotros un poco de tu coraje y de tu amor, para que ni siquiera las cruces más dolorosas puedan asustarnos. Finalmente te rogamos, por tu Asunción, ¡haz que a todos los mortales se nos conceda ver a tu Señor! Oh Madre, danos la gracia de vivir la paz del corazón en nuestras familias que son tan perseguidas. Muchas son arruinadas por el mal. Somos hijos débiles, hijos pródigos. ¡Abrázanos a todos! Quítanos el desorden, el orgullo, la envidia. Quítanos el desconformismo e infunde en todos la paz. Tú, como Reina nuestra y Madre de la Paz, danos a todos la paz y la alegría. Nútrenos a todos con el alimento del amor, de la vida santa.
5) La coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado
Bendito seas, oh Señor, porque en el cielo coronaste Reina a tu Madre Santísima. Gracias, oh María, porque permitiste que el Señor fuera glorificado en Tí. Ayuda a todas las madres a asemejarse a Tí, a imitarte, de manera que vivan para sus hijos, para amarlos. Madre, confío a tu Corazón Inmaculado mi vida, mi familia, ayúdame a aumentar mi fe.