Misterios Gozosos por el Padre Pío
1) La Encarnación del Hijo de Dios
Reflexionen y tengan siempre delante del ojo de la mente la gran humildad de la Madre de Dios y Madre nuestra, la cual, a medida que crecían en Ella los dones celestiales, se humillaba siempre más hasta poder cantar, en el mismo momento en que fue envuelta por la sombra del Espíritu Santo que la hizo Madre del Hijo de Dios: “Yo soy la esclava del Señor”. (Epístolas II, p. 419)
2) La Visitación de nuestra Señora a su prima Isabel
La primera virtud de la que tiene necesidad el alma que tiende a la perfección, es la caridad. En todas las cosas naturales, el primer movimiento, la primera inclinación, el primer ímpetu es aquel de la tendencia, aquel de ir hacia el centro: es una ley fisica. Lo mismo ocurre con las cosas sobrenaturales: el primer lema de nuestro corazón es el de ir hacia Dios, que no es otra cosa que amar su propio y verdadero bien. Justamente la caridad, según la Sagrada Escritura, tiene el nombre de ¨vínculo de perfección¨. (Epístolas II, p. 200)
3) El nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén
¡Cuáles y cuántas no son, oh cristianos, las ensenanzas que salieron del portal de Belén!
¡Oh, cómo deberíamos sentirnos encendidos de amor por Aquel que se hizo todo ternura para nosotros!
¡Qh, cómo tendríamos que arder del deseo de conducir al mundo entero a este humilde portal, asilo del Rey de reyes, más grande que cualquier reinado humano, porque es trono y morada de Dios! Pidamos a este divino Niñito que nos revista de humildad, porque sólo con esta virtud podremos gustar este misterio tan lleno de divinas ternuras. (Epístolas IV, pp. 971 - 972)
4) La presentación de Jesús en el Templo
Este Verbo divino, con su voluntad absoluta y libre, quiso descender hasta nosotros, escondiendo su naturaleza divina bajo el velo de la carne humana. De manera tal, dice San Pablo, el Verbo de Dios se humilló, hasta anonadarse; ¨se aniquiló a sí mismo tomando la forma de siervo¨. Sí, Él quiso esconder totalmente su naturaleza divina para asemejarse totalmente al hombre, sujetándose hasta el hambre, la sed, el cansancio, y para usar la misma expresión del apóstol: ¨Parecido a nosotros, tentado en todo, excepto en el pecado. (Epístola II, p. 222)
5) El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo
Que no suceda jamás, querido Jesús, que yo pierda un tesoro tan precioso como eres Tú para mí. Señor mío y Dios mío, muy viva está en mi alma aquella inefable dulzura que llueve de Tus ojos ...
¿Cómo podría ser consolado mi corazón al saberse lejos de Tí? Conoces muy bien mi alma, lo terrible que fue la batalla cuando Tú, mi preferido, te escondiste de mí. (Epístolas II, p. 200)
Misterios Dolorosos por el Padre Pío
1) La oración en el Huerto
Jesús, extremadamente oprimido, le grita al Padre: ¨Si es posible aleja de mi este cáliz¨. Es el grito de la naturaleza humana que, oprimida y confiada, recurre a la ayuda del cielo; aún sabiendo que no sería escuchado en lo que pedía, porque Él así lo quería, y lo mismo suplica. Jesús mío, ¿Cuál es la razón por la cual Tú pides aquello que no quieres que te sea concedido? El dolor y el amor. ¡He aquí el gran secreto! El dolor que te oprime te lleva a pedir ayuda y reconforto, pero el amor por satisfacer la justicia divina y darnos a Dios, te lleva a gritar: ¨Que no se haga mi voluntad sino la tuya¨. (Epístolas IV, p. 898)
2) La flagelación de Jesús atado a la columna
Se ve condenado a los flagelos más despiadados ...
Él, el Cordero inocente, solo, abandonado en las manos de los lobos, sin ninguna defensa ...
Él, el Hijo de Dios ... El Cordero llevado espontáneamente al sacrificio para gloria de aquel mismo Padre que lo abandona al furor de la potestad infernal, para la redención del género humano. El expuso su humanidad recibiendo sobre sí mismo todos los golpes de la justicia de Dios herida por el pecado. (Epístolas IV pp. 895 - 896)
3) La coronación de espinas
Él se ve coronado de espinas, burlado, saludado y burlado como rey, abofeteado... ¡Ah ! Sí, lo comprendo, es para enseñarme a mí, que soy soberbio, que para tratar con el cielo, debo abismarme en el centro de la tierra.
Es para reparar y expiar mi altanería, que Tú profundizas así, delante de tu Padre; es para hacer girar su piadosa mirada hacia la humanidad, ya que la había retirado por la rebeldía del hombre hacia Él. Por tu humillación, Dios perdona a la criatura soberbia. Oh Jesús, que seas siempre y por todos bendito, que te rindamos gracias por tantas bajezas y humillaciones con las que te donaste a Dios y a Él nos has unido en una amplitud de santo amor. (Epístolas IV p. 897)
4) Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario
Se ve condenado a subir al Calvario. Acabado, bajo el peso de la cruz, cae más de una vez en tierra, exhausto ... el hombre debe tener la prueba de su infinito amor, debe ver hasta qué ignominia lo hará llegar... Debe tocar con la mano que su amor no llega sólo a padecer por el hombre y a detenerse allí, sino que prosigue hasta la extrema agonía de la cruz ... ¡Dios mío! ¡Jesús mío!
¿Acaso no eres Tú el Dios del cielo y de la tierra, igual en todo a tu Padre, el que te humillas hasta casi perder el semblante de hombre? Es para pacificar la tierra con el cielo que te abajas hacia ella, como para darle el beso de paz. (Epístolas IV p. 895)
5) La crucifixión y muerte de Jesús
Se ve llegar al Calvario, desnudo, extendido sobre la cruz, crucificado, despiadadamente elevado en ella, a la vista de todos, colgando en tres clavos que le oprimen y desarman las venas, los huesos y la carne ... Oh Dios, qué larga agonía de tres horas, que deberá pasar entre los insultos de todo el pueblo enloquecido y despiadado. Ver su garganta y sus vísceras quemadas por la ardiente sed y ver llegar, en este interminable martirio, el hisopo embebido en vinagre e hiel. Ve el abandono del Padre, la desolación de la Madre a los pies de la cruz. Y finalmente, la muerte ignominiosa entre dos ladrones. (Epístolas IV P. 895)
Misterios Gloriosos por el Padre Pío
1) La Resurrección del Hijo de Dios
¡Resucitó! Este es el grito de júbilo que la Iglesia levanta en este día desde cada ángulo de la tierra; y todos los pueblos cristianos, hermanándose juntos, solemnizan de manera especial con este santo día, respondiendo a la invitación materna de la Iglesia con las palabras del Apóstol San Pablo: ¨Ita et nos in novitate vitae ambulemus ¨ (“así también nosotros caminemos en novedad de vida¨), resucitemos nosotros también a la vida nueva, moderada y santa. (Epístolas IV, p. 1083)
2) La Ascensión del Señor al Cielo
Querían que, una vez resucitado, Cristo subiera inmediatamente glorioso a la derecha del Padre, como regla de una rigurosa justicia, para la posesión del eterno gozo, que se había propuesto al sostener la prematura muerte de cruz. Nosotros sabemos bien que por espacio de cuarenta días, quiso aparecer resucitado. ¨El Señor ha resucitado verdaderamente y aparece ... ¨¿Y por qué ? Para establecer, como dice San León, con tan excelso misterio, las enseñanzas de toda la novedad de nuestra fe. Estimó entonces, no haber hecho suficiente para nuestra edificación. Porque a nosotros no nos basta resucitar como Cristo, si a imitación suya no aparecemos ante los demás, resucitados, cambiados y renovados en el Espíritu. (Epístolas IV, pp. 962 - 963)
3) La venida del Espíritu Santo
Dejen que el Espíritu Santo obre en ustedes. Abandónense a todos sus movimientos y no teman. Él es sabio, suave y discreto que lo único que causa es el bien. ¡Cuánta bondad la de este Espíritu Paráclito para todos, pero es más grande para ustedes, los que lo buscan ! (Epístolas II, p. 64)
Cada alma debe aprender a dejarse manejar, cepillar y alisar por el divino Espíritu, ya que hace también de médico de nuestras almas para que, estando bien lisas y planas, ellas puedan estar unidas a la voluntad de Dios. (Epístolas III, p. 300)
4) La Asunción de María al Cielo
El amor divino reunió, en el corazón de María, la mayor intensidad, de manera tal, que no podía haber sido más concentrado en ninguna criatura mortal. Entonces el alma bendita de María, como paloma a la cual se le cortan los lazos, se desenvolvió de su santo cuerpo y voló al seno de su preferido. Pero Jesús, que reinaba en el cielo con la humanidad santísima que había tomado de las entrañas de la Virgen, quiso que también su Madre, no sólo con el alma sino con el cuerpo, se reuniera con Él y compartiera en plenitud su gloria. (Epístolas IV, p. 967)
5) La coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado
Las puertas eternas se abren y la Madre de Dios entra. Apenas los benditos la ven, inundados del esplendor de su belleza, le hacen alegres y festejantes encuentros, la saludan y la honran con los títulos más excelsos, se postran a sus pies. Le presentan sus regalos, la proclaman de acuerdo como su Reina. A la fiesta de los ángeles se une la Tríade sacrosanta. El Padre acoge en Ella a su predilecta y la invita a tomar parte de su fuerza. (Epístolas IV, p. 971- 972)