La Llama Viva.

Por
lourdes
Jueves, 30/08/2012
Había una vez un pueblo de luciérnagas, que vivían en la falda de un cerro, el pueblo estaba compuesto por dos variedades. Unas llevaban luces cerca de sus ojos y las mantenían permanentemente encendidas. Otras, en cambio, tenían la luz en su vientre, pudiendo encenderlas ó apagarlas a su gusto, eran los “bichitos de luz”.
Muy lejos de allí, del otro lado del valle oscuro y misterioso, brillaba otra luz, lejana y sin embargo, muy presente, aquella luz parecía tener vida propia. No era de la misma calidad que la de los bichos. Era una luz viva, que atraía poderosamente la mirada y curiosidad de nuestro pueblo de luciérnagas. Su existencia y el misterio de su brillo, las tenía intrigadas.
Lo cierto es que nadie sabía gran cosa de verdadero, fuera de lo que se veía a la distancia. Pero nadie la podía negar, salvo los miopes ó los ocupadísimos. Aunque también éstos ,en las noches oscuras se veían obligados a reconocer su existencia. Alguien tendría que arriesgarse a ver de qué se trataba ésa luz.
Primero partió la luciérnaga más inteligente, iría a ver y luego contaría la verdad. Y salió con la vista clavada en su objeto, para no desorientarse; y llegó a un amplio salón, en cuyo centro ardía un cirio enorme. El resplandor era tan intenso que tuvo que cerrar sus ojos para no quedar deslumbrada. Con mucho cuidado, comenzó a volar alrededor de la llama a la máxima distancia posible. Su asombro crecía a cada instante, aquella luz era maravillosa. No solamente alumbraba, como las luciérnagas, sino que alumbraba y deslumbraba tanto, que a cada objeto lo convertía en brillante. Todo participaba de ese espectáculo de la llama, y ella recibía sus formas y sus colores.
Luego de ver todo, regresó y contó con lujo de detalles su experiencia, respondió a todas las preguntas que se le hicieron, y lo único que logró fue aumentar en el pueblo la fascinación y el ansia de conocer la verdad de aquella luz. Porque ella sólo había visto. No había tocado, no había sentido, no podía decir nada en verdad sobre la luz misma, sólo podía informar sobre sus efectos. Era necesario insistir.
Esta vez se ofreció la más corajuda. Ella iría y trataría de acercarse a la llama para saber qué era, orientada por los datos que le trajera su amiga. Al llegar, haciendo alarde de su coraje, comenzó a acercarse a la llama, sintió su calor, la fuerza y la energía que le daba. Se sintió revitalizada y llena de alegría por su descubrimiento, se lanzó hacia su pueblo que la esperaba ansioso. Su llegada conmocionó a todos, casi ni necesitaba explicar lo sucedido, dijo que ella irradiaba lo vivido, y esto, en vez de calmar la ansiedad, les planteó esta pregunta: ¿QUIEN ES ESA LUZ?...
A esto no podía responder, a pesar de su coraje, no se había animado a tocar. Pero la pregunta estaba planteada y había que responderla, ¿quién se ofrecía? En medio del silencio se oyó la voz finita de la soñadora: “¡voy yo!” El asombro fue mayúsculo. Nadie la tomaba demasiado enserio en el pueblo de luciérnagas ¡vaya a saber qué explicación traería a su regreso!.
Y partió, derecho fascinada por la luz, entró en el salón con los ojos dilatados por la llama viva y se dejó seducir. Desde el pueblo lejano sólo se vio un pequeño estallido de luz. Allá quedó ardiendo, unida para siempre a la llama que no consume, asume.
Nunca regresó para traer respuestas. Allá está generando preguntas. Desde entonces, en el pueblo de luciérnagas, se sabe que algo de ella les manda mensajes de luz desde la llama viva. Entre ellas sigue habiendo inteligentes y corajudas, y estoy segura que seguirá habiendo soñadoras....

Por
lourdes