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La Rioja
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Viernes, 17/08/2012
La Rioja
La provincia de La Rioja, poco elegida a la hora de pensar en un sitio donde pasar unas buenas vacaciones, posee lo necesario para descansar, disfrutar del turismo aventura, arqueológico, religioso, gastronómico, tanto desde la infraestructura como de la naturaleza y el patrimonio.

Una histora muy antigua
Hace decenas de millones de años, este territorio estuvo cubiero por el mar: fósiles de plantas y de animales submarinos son un testimonio inapelable.

En el Parque Nacional Talampaya hay vestigios claros de la presencia de cazadores recolectores de más de 10 mil años, cuyo arte ha permitido reconocer la existencia de probables rituales.

Más tarde, los diaguitas, los “serranos” como los llamaban en quechua los incas, se asentaron en la región. Vivían en aldeas, en casas de planta rectangular y, además de cultivar maiz, zapallo y porotos y recolectar frutos silvestres, fueron grandes ceramistas. Fabricaban ollas, cántaros y vasijas para el uso cotidiano, pero también se destacaron con piezas de gran valor artístico como las urnas funerarias, algunas de las cuales eran decoradas con colores fuertes y vistosos.

Otra de sus habilidades fue el uso de los metales, principalmente cobre, bronce, oro y plata.

En 1591, los españoles tomaban posesión de estas tierras bajo el mando de Juan Ramírez de Velazco, quien le dio el nombre de Todos los Santos de la Nueva Rioja, en homenaje a su Rioja natal, allá en España. El objetivo era combatir a los nativos, quienes, luego de haber soportado sumisamente el maltrato, promovieron movimientos revolucionarios tan bien organizados que casi dan por tierra con los planes de los colonizadores y originaron uno de las celebraciones más importantes del norte argentino: el Tinkunaku.

La organización urbana se dio en torno de la plaza, frente a la cual se destinó un solar para la construcción de la Iglesia Matriz. También se entregaron predios a diferentes órdenes religiosas: franciscanos, mercedarios, dominicos y jesuitas.

La proximidad a los yacimientos mineros de Famatina convirtieron a la ciudad de La Rioja en el centro económico más importante del período colonial. Para el siglo XVIII, esta condición era sustentada por Chilecito.

El siglo XIX, fue testigo de la presencia de hombres con personalidades fuertes, carismáticas, avasallantes, caudillos que impusieron un estilo al hacer la historia, Facundo Quiroga, el Tigre de los Llanos, el Chacho Peñaloza, sólo para mencionar algunos.

Durante este siglo se dio el mayor crecimiento demográfico de la provincia, pero también se produjo un terremoto (1894) tan intenso, que, al igual que en 1861 en Mendoza, la ciudad se derrumbó totalmente. Parecía que una época colonial e hispana moría para dar paso a una nueva ciudad, moderna y llena de vida.

La modernidad y la tecnología, impulsadas por las últimas estribaciones de la generación del ´80, se afianzaron en la región durante las primeras décadas del siglo XX. El desarrollo de la minería colocaron a la provincia en una posición económica destacada. Fue un periodo breve. Para 1930, la mina La Mejicana había dejado de funcionar y La Rioja comenzaba a sumirse en una vida tranquila, cargada de historias, costumbres y un orgulloso sentimiento localista que hasta hoy se mantiene vivo.

Por los caminos del patrimonio
Yendo a lo nuestro, La Rioja reúne gran diversidad de bienes culturales, que abarcan no sólo extensos períodos históricos sino una amplia tipología. Desde testimonios de 200 millones de años hasta patrimonio industrial del Siglo XX.

En el Parque Nacional Talampaya (declarado Patrimonio de la Humanidad en 2000) se encontró el fósil de la tortuga más antigua hasta ahora conocida (210 a 220 millones de años), además de tener una de las colecciones de pinturas rupestres más interesantes de la Argentina.

Estos petroglifos se encuentran en dos áreas del Parque, una es La Puerta de Talampaya (ubicada a la entrada) y la otra es Los Pizarrones (sobre el valle del río homónimo). Sus autores pertenecerían a una comunidad vinculada con la cultura Aguada. Datan de 2.500 años a.C.

Los motivos que se observan son variados: geométricos, con líneas simples o dobles, en curvas o zigzag; figurativos, rectangulares, en espiral, radiadas, con forma de reloj de arena, en “S”, círculos y cruces; antropomorfos, hombres-mariposas, hombres-lagartos, huellas de pies humanos y animales, como hileras de camélidos, rastros de felinos. Estos últimos (humanos y animales) aparecen aislados, en grupos, en pares, en actitud de orar o bailar. Hay una escena en la que un hombre lleva un camélido de una cuerda, lo cual hace suponer que ese lugar podría haberse tratado de una ruta para el arreo de ganado.

El tipo de imágenes grabadas y pintadas en las formaciones naturales del Parque dieron origen a infinidad de teorías, algunas relacionadas con la presencia de extraterrestres en el lugar, otras, como la que sostiene Juan Schobinger, vinculan ese desfiladero a un sitio sagrado para el hombre precolombino, de ahí las representaciones encontradas.

Avanzando en esta línea de tiempo imaginario que he trazado siguiendo el patrimonio cultural riojano, llegamos a la época incaica y la Tambería del Inka (MHN,1970), construida entre 1470 y 1536 son 16 has., de forma ovalada, cercadas por una muralla de 1,60 mt de alto, en cuyo interior hay 35 conjuntos de construcciones rectangulares, algunas administrativas, otras utilizadas como depósitos o kallankas, una plaza de armas, denominada aukaipata, con un trono, llamado ushnu y el Palacio de neta factura inka en donde, se supone, habitaban las autoridades. La presencia del ushnu evidencia qu el lugar era un centro administrativo de gran prestigio dentro del Kollasuyu.

Si bien el sitio fue utilizado para administrar la extracción y explotación de minerales tales como oro, plata y cobre, se han encontrado sectores en los cuales se evidencia la práctica de diversos cultivos.

Llegados los españoles, durante el período colonial, el catolicismo dejó su huella en las clásicas iglesias de adobe que, en la región de Chilecito, pueden conformar un circuito histórico religioso más que interesante.

Todas se caracterizan por sus exteriores de paredes encaladas, con techos de algarrobo, interiores sencillos, pero con altares ricamente decorados, dorados a la hoja y con imaginería colonial única e irrepetible.

El circuito incluye 8 capillas, declaradas MHNs en 1997, excepto Santa Clara que obtuvo la mención en 1968. Ellas son: San Nicolás de Bari (mediados del siglo XVIII), santo patrono de La Rioja, Santa Clara de Asís (1684), Inmaculada Concepción (construcción original 1667, reconstruida en 1902), Santa Rosa de Lima (1784) y su imagen articulada de Santa Rosa, San Vicente Ferrer (principios del siglo XIX), San Sebastián, Nuestra Señora de la Merced (principios del siglo XVIII) que posee una de las joyas de la pintura española: la “Inmaculada” de Bartolomé Murillo, y San Buenaventura (circa 1600) que es el templo más antiguo de la zona.


Continuando con el turismo religioso, en la ciudad de La Rioja se puede visitar el Convento de San Francisco, el cual conserva la celda donde vivió San Francisco Solano, monje franciscano de origen andaluz (1549-1610) que misionó en Tucumán, La Rioja y Lima (Perú), ciudad en la cual murió. Fue canonizado en 1726. San Francisco es uno de los santos más queridos y venerados en la provincia.

También en la ciudad, pero ya fuera del patrimonio eclesiástico, está la casa natal (1888) de Joaquín V. González (1863-1923), escritor, político, gobernador de La Rioja e impulsor de la construcción de uno de los más avanzados exponentes de la ingeniería, el cable carril de la mina La Mejicana en Chilecito (MHN, 1982).

El cable carril fue construido entre 1903 y 1905 y estuvo en funcionamiento hasta 1926. Sus 34 kms de largo, que llegan hasta los 4600 msnm, sirvieron para reemplazar el traslado de los minerales hasta Santa Florentina (sector de fundición) y Chilecito, que se hacía a lomo de mula.

Fue construido por la empresa alemana “Bleichert & Co” y explotado por los británicos. The Famatine Development Corporation convirtió a la localidad de Santa Florentina en una verdadera ciudad de 1500 operarios.

El recorrido constaba de 262 torres, cuyas alturas oscilaban entre los 3 y los 56 m, y 9 estaciones que iban desde los 1.000 m., en Chilecito, hasta los 4.603, en La Mejicana o Upulungos. Cada estación contaba con un edificio de piedra con dormitorios para los obreros, caballerizas y obras hidráulicas. A los 1.500 m estaba el desvío para la fundición. La plataforma siguiente, “El Parrón” (1974 m) era conocida como “la estación de los viejos” porque allí quedaban aquellos trabajadores que no soportaban la altura. A los 2.500 m el cable attrravesaba un túnel socavado en la montaña de 159 m de largo. Entre la 7ma (3.910 m) y la 8va (4.371 m) hay un lugar llamado Bello Plano que los mineros rebautizaron como el “Pozo de las Ánimas”, por la cantidad de sus compañeros caidos al vacio en el sitio. Un poco de humor negro no viene mal, ¿no?

Las vagonetas no solo transportaban mineral sino también gente, herramientas y comida. Podían carga hasta 250 kilos.


Este importantísimo emprendimiento fue abandonado por sus administradores ingleses durante la Primera Guerra Mundial. Otras compañías se hicieron cargo, pero tuvieron corta vida y en 1926, como dije antes, dejó de funcionar comercialmente. A partir de 1982 y durante varios años se lo utilizó con fines turísticos hasta que en el ´95 se produjo un accidente fatal en una de las vagonetas y se clausuró definitivamente.

Pensar que llegó a producir un promedio de 1.800 toneladas mensuales con picos de 2.400.

En Santa Florentina, actualmente, se puede visitar, con entrada libre y gratuita, la torre de venteo de la fundición, la estructura terminal del ramal que la conectaba con la segunda estación y el Museo de la Minería, donde se exponen objetos de esta industria en aquellos años.


Recorridos estos millones de años de historia a través de su patrimonio, La Rioja invita a disfrutar de sus fiestas tradicionales, de las cuales la más conocida y concurrida es la del Tinkunaku, vocablo quecha que significa “encuentro”, celebrada todos los 31 de Diciembre desde 1593. Recuerda el conflicto que generó el conquistador Ramírez de Velazco al apoderarse de las tierras de los diaguitas, aborígenes locales. Los nativos se sometieron durante tres años a la dominación y al tratamiento de esclavos dado por los españoles hasta que se organizaron para recuperar lo que les pertenecía: el territorio y la libertad. Enterado de este conato revolucionario, el sacerdote Francisco Solano salió al encuentro del ejército indígena con su violín y una imagen del Niño Jesús vestido como alcalde español. Ante esta visión, los aborígenes depusieron su actitud con la condicición de que el alcalde renunciara y su lugar lo ocupase el Niño Jesús. Así fue, Solano cumplió y desde entonces el Niño Dios sale todos los años de la Iglesia de San Francisco como alcalde de la ciudad y representante de los diaguitas y se encuentra con San Nicolás de Bari, representante de los españoles, frente a la casa de Gobierno. Allí, el intendente entrega las llaves de la ciudad al Niño y ambas imágenes entran a la Catedral donde se celebra una misa a la cual concurre toda la provincia. Es impresionante la devoción que se manifiesta en esta ocasión.

La Rioja cuenta también con recorridos organizados por la Agencia Provincial de Turismo que incluye la Ruta de los Caudillos, la Ruta del Adobe, Turismo rural, museos, turismo arqueológico y paleontológico, Fiestas nacionales y provinciales, mercados artesanales, gastronomía regional, cordillera, lagunas, volcanes y un sitio del patrimonio mundial que esperan nuestra visita.

Andar La Rioja es disfrutar de sus paisajes, sus sabores y de la cordialidad de su gente. Pensemos en ello para nuestras próximas vacaciones.


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