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El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra
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Miercoles, 15/08/2012
El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra
Evangelio según San Juan (Jn 8,111):
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron:
—Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
—El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, fueron escabulléndose, uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último. Y quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie.
Jesús se incorporó y le preguntó:
—Mujer, ¿dónde están tus acusadores?
¿Ninguno te ha condenado?
Ella contestó:
—Ninguno, Señor.
Jesús dijo:
—Tampoco yo te condeno.
Anda, y en adelante no peques más.
Reflexión:
Si vas a juzgar a tu hermano, cuando le hables haz de cuenta que el conoce todos tus errores hasta en sus más mínimos detalles. Solo entonces podrás ver la sabiduría tan pobre que posees y como medirías muchas de tus palabras. Dentro de nosotros hay todavía mucho por mejorar. ¿Por qué entonces ocupamos nuestro tiempo en juzgar a nuestros hermanos siendo que nuestra sabiduría no es completa? Quien se hace sabio y tiene que sacar una conclusión sobre alguien tendrá más en cuenta sus virtudes, antes que sus errores. Y no esta mal advertir si va por un mal camino, porque ello es prueba de tu amor y hubiese sido igualmente bueno si lo hubiese hecho también por ti.
Lo que si esta mal y contamina es hablar sin ponerse en su lugar, como si no fueses tu a quien te hablas. Si vas a juzgar, primero debes amarlo como a ti mismo.


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