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Un humanismo integral y solidario.
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Martes, 31/07/2012
Un humanismo integral y solidario.
Queridos amigos, en esta oportunidad, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones desde la Doctrina Social de la Iglesia. Como es conocido por todos, actualmente estoy trabajando en la Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina. Es indudable que son muchos y muy variados los temas que como equipo de trabajo nos toca abordar. Y si bien, la multiplicidad de temas por momentos parecieran no tener vinculación unos con otros, es desde el Evangelio y desde la Doctrina Social de la Iglesia, que se logra la integración de los mismos, en la búsqueda de los ¨principios de reflexión, los criterios de juicio y la directrices de acción como base para promover un humanismo integral y solidario¨ (CDSI 7).

Para el hombre de fe, es sabido que Jesucristo nos regaló la vida nueva que se alcanza después de la muerte, pero que ¨no está desvinculada de esta vida y sus diversos ámbitos como el de la economía y el trabajo, el de la técnica y de la comunicación, de la sociedad y de la política, de la comunidad internacional y de las relaciones entre las culturas y los pueblos¨ (cf. CDSI 1).

El mensaje del Evangelio es integral, abarca a todo el hombre y a todos los hombres, llamándolos a vivir en la dinámica del desarrollo y el crecimiento de todas sus capacidades y dones.

Es por esto que como Iglesia no podemos estar ausentes de los temas que hacen a la vida del hombre y su dignidad como persona. Proclamar el Evangelio implica anunciar al hombre sus derechos como ser humano, destacar la necesidad de la comunión entre las personas que lleva a trabajar por el bien común, en un contexto signado por la justicia y la paz.

Desde el mensaje de Cristo, creemos que los hombres renovados por el amor de Dios, son capaces de crear estructuras sociales nuevas, en dónde se puede dialogar para superar los conflictos, aportando con creatividad estrategias que fomenten la fraternidad en un contexto de fragmentación y divisiones, de manera tal que, desde una sólida comunión social, trabajemos juntos como ciudadanos, por los valores que hacen de nuestra Patria una gran nación.

El evangelio de Cristo es universal, abarca a todos, no conoce fronteras, y por eso todos somos objeto y sujeto de esta transformación que nos propone. Se hace necesario asumir la responsabilidad en común, acrecentando la conciencia moral de nuestros actos personales y sociales, sabiendo que transitamos un camino común en dónde hay hombres y mujeres que teniendo los mismos derechos de todos, no tienen las mismas posibilidades. En este camino, o caminamos juntos o corremos el riesgo de perdernos en individualismos, egoísmos y divisiones que nos debilitan y nos frustran como personas y como país.

La lectura y reflexión de la doctrina social de la iglesia puede ayudarnos al discernimiento frente a los complejos acontecimientos que caracterizan nuestro tiempo, de manera tal que podamos mirar al futuro con la esperanza de buscar juntos el bien del hombre.

Es mi deseo que, próximos al 9 de Julio, podamos renovar en nuestros corazones los anhelos y deseos de grandeza que guiaron a nuestros próceres. Que el Señor los bendiga y la Virgen de Luján los acompañe en el desafío cotidiano de construir un mundo mejor. Hasta la próxima,

Jorge Casaretto
Obispo de San Isidro.


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