La voz detrás de la puerta.

Por
lourdes
Viernes, 20/07/2012
Hace unos días fui al teatro. La obra mostraba el encuentro entre una señora y un ladrón que intenta robar su casa. Cuando comienza la primera escena, ella ha logrado encerrar al hombre en el baño y están hablando a través de la puerta. A medida que avanza la historia, al menos yo, esperaba que en algún momento el ladrón saliera del baño y se diera un encuentro cara a cara. Pero la obra termina sin que él haya salido nunca, por lo cual, del personaje se conoce solamente la voz. Durante los aplausos finales, el actor que representó al ladrón sale a saludar. Ni siquiera está caracterizado de acuerdo a su personaje, por lo que aparece con su ropa de calle. Durante el transcurso de la obra, yo me había hecho una idea de cómo era el hombre que hablaba detrás de la puerta. Cuando finalmente lo vi, me di cuenta que era bastante distinto a lo que yo había pensado: era más alto, más viejo y más gordo… no sé si me defraudó, pero ciertamente no respondió a lo que yo me había imaginado.
A raíz de esta experiencia, me puse a pensar cuántas veces nos sucede que la realidad no responde a nuestras expectativas, a lo que habíamos imaginado, soñado o deseado. Tal vez ese amigo que imaginé que iba a estar siempre, me muestra que no es tan fiel como había pensado. El hijo que soñé de una manera, tiene otras características que yo no esperaba. Esa persona con la que pensé pasar toda mi vida, no hizo el cambio que yo necesitaba. El trabajo no es lo que me habían prometido… ¿Qué nos pasa cuando lo que aparece “detrás de la puerta” no era lo que esperábamos?
Las reacciones son muchas: puede ser que nos desilusionemos, que nos sintamos defraudados y hasta que nos enojemos con la nueva situación. Muchas veces nos cuesta aceptar que lo que sucede no esté en total sintonía con lo que imaginamos. Es verdad que a veces este es un proceso fácil de resolver y otras veces una dificultad difícil de superar. No es lo mismo desilusionarme porque la manzana parecía jugosa y resultó arenosa, que comprobar que una persona que quiero, no es lo que yo pensaba de ella. Ciertamente son procesos distintos… Pero, más allá de las diferencias, creo que siempre tenemos el desafío de abrirnos a lo nuevo, descubrirle nuevas posibilidades a la situación, apostarle a lo real y no a las ideas que habíamos proyectado. El gran peligro es que, por quedar encerrado en los esquemas que imaginamos, nos perdamos las oportunidades que realmente aparecen: tal vez el trabajo no era lo que esperaba, pero tiene otras cosas buenas, tal vez el amigo no era tan fiel, pero resultó generoso con lo que tiene; tal vez el hijo no es tan inteligente como lo imaginé, pero tiene el corazón más grande que conocí…
En la Biblia está la historia de Naamán, un oficial sirio que llega a Israel porque está enfermo de lepra. Cuando va a ver al profeta Eliseo, este ni siquiera sale a hablar personalmente con él y le manda decir que se bañe siete veces en el río Jordán. Entonces Naamán dice: “Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. ¿Acaso los ríos de Damasco, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?¨. Y dando media vuelta, se fue muy enojado.” Sus compañeros son los que lo hacen recapacitar y le aconsejan seguir la orden del profeta, ya que es tan sencilla y fácil de cumplir. Naamán les hace caso y finalmente se cura y vuelve agradecido. (2 Reyes 5)
Siempre me gustó mucho esta historia y por eso la recuerdo a menudo. Me impresiona cómo este personaje estuvo a punto de perderse su gran oportunidad de ser curado, simplemente por el hecho de que las cosas no habían sido como él las había imaginado. Como él llegó con otra ilusión, con otra expectativa, se siente defraudado y ofendido con el profeta que actúa con tanta sencillez. Eliseo no hace nada de lo que él esperaba, sin embargo, hace lo que él más deseaba: le descubre el camino para recuperar la salud. Pero por el enojo, Naamán casi se pierde el don que buscaba.
Y nosotros, ¿nos estamos perdiendo algo bueno por seguir encerrados en nuestra ilusión? ¿Estamos abiertos a que los caminos sean distintos a los esperados? Que el Espíritu, que hace nuevas todas las cosas, nos ayude a abrirnos a su novedad.
Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Julio 2012

Por
lourdes