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¿Aburrido? ¡¡NO!!
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Jueves, 19/07/2012
¿Aburrido? ¡¡NO!!
Vivimos y formamos una sociedad que vive cada vez más rápido. Creo que nadie lo puede negar. El “zapping”, ese modo de ver televisión con el control remoto en la mano y cambiando todo el tiempo los canales, no es sólo una costumbre sino que es todo un estilo de vida que se impone a nuestro tiempo: todo es breve, rápido y un tanto fragmentario. Si algo no nos atrapa en los dos primeros segundos, ya pasamos a otra cosa que parece mejor… aunque eso también nos dure poco y volvamos a cambiar. Si prestamos atención a la publicidad, veremos cuántas cosas se promocionan prometiendo velocidad y simpleza: comida en unos pocos minutos, lavados sin perder tiempo, viajes más veloces, electrodomésticos que nos resuelven todo con un botón, llame ya que se lo enviamos… no sé si siempre tenemos claro para qué queremos el tiempo libre, pero seguro que nadie quiere perder el tiempo en algo que no le interesa.

Por esto mismo, una de las peores críticas que se pueden hacer a algo o a alguien, es decir que es aburrido. Podemos aguantar una película que sea tonta y superficial, pero no una que sea lenta. Un libro puede estar mal escrito, pero por favor que no sea plomo. Los chicos pueden quedarse extenuados de tantas horas de computadora, pero que nunca nos digan: “me aburro”. Hasta las clases, las charlas, las misas y los encuentros, todo tiene que ser divertido, ágil y dinámico. No sea que nos aburramos… ¿será así? ¿será esto lo bueno? ¿no nos estaremos perdiendo algo?

No voy a negar que es un gran logro que se hayan simplificado muchas cosas de nuestra cotidianeidad. También reconozco que hay muchas cosas de nuestra pedagogía, de nuestra manera de enseñar, de nuestra liturgia, etc., que no se han adaptado suficientemente a nuestro tiempo. Y tenemos mucho todavía para hacer. Pero también es cierto que no siempre es bueno correr y acomodarnos a todas las características de nuestra época. Habrá que discernir y separar. Si perdemos la capacidad de esperar, de darnos tiempo y hasta de aburrirnos, nos estaremos perdiendo muchas riquezas de la vida. Hay libros que nos atrapan desde la primera página y tienen un ritmo que no decae. Pero también hay de los otros, los que se detienen en descripciones y pequeñeces, esos que hay que “resistir” para seguir leyendo; pero que, si nos animamos, nos acercan a otras profundidades de la vida que son difíciles de llegar. Hay un cine divertido y “pochoclero”, que nos entretiene y nos distrae, pero también hay un cine de un ritmo diferente, que nos hace pensar con sus imágenes quietas y detenidas, con historias en las que pasa poco, pero se vive mucho. Hay músicas pegadizas y bailables, que nos levantan el ánimo, pero también hay de las otras, esas que al principio cuestan escuchar, que movilizan otras cosas que los pies y las manos. ¿No será bueno que tengamos capacidad para leer, ver y escuchar un poco de todo? ¿Cómo nos educamos para eso? Un poco de aburrimiento, ¿no genera creatividad?

En este tiempo de Pascua, cuando vamos leyendo los relatos de los encuentros del Resucitado con sus discípulos, una de las cosas que más me impresiona son los silencios o las cosas no dichas. Jesús resucitado habla bastante poco y explica mucho menos. Nadie le pregunta cómo es que está ahí, Él no aclara lo que ha pasado. Simplemente hay una presencia que se vive, se disfruta y se comparte. En el encuentro con los discípulos que caminaban a Emaús (Lucas 24), tal vez el episodio donde hay más diálogo con el Resucitado, hay un tiempo largo en que Jesús camina en silencio, escucha y pregunta. ¿Por qué no habla antes? ¿Por qué no se da a conocer desde el principio? Tal vez porque es necesario que los discípulos hagan su proceso, con sus tiempos y a su ritmo. Tal vez porque Jesús sabe que no todo puede ser rápido, ágil y divertido. Hay silencios que están llenos de vida, hay crecimientos lentos e imperceptibles que hay que respetar. Nadie puede apurar al sol en el amanecer, nadie puede detenerlo en el ocaso, simplemente lo miramos maravillados del milagro de cada día. Que el Resucitado nos ayude a vivir y disfrutar lo mejor de nuestra época, pero también a discernir lo mejor para nuestra vida.

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Mayo 2012


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