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Abrir las ventanas.
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Jueves, 19/07/2012
Abrir las ventanas.
Tarde de calor intenso, un sol abrasador y un clima sofocante. Cuesta respirar, el aire está pesado y húmedo. No corre una gota de aire. Después de varios días iguales, la casa está caliente, las paredes parecen irradiar más calor. Al atardecer empiezan a moverse las hojas de los árboles. Al principio es sólo una brisa, pero poco a poco se transforma en un viento fresco que anuncia lluvia. Corro a abrir puertas y ventanas de la casa. Hay que aprovechar a que se refresque, se ventile… tal vez esta noche se pueda dormir mejor. Seguramente todos hemos vivido más de una vez esta experiencia: cuando el calor apremia le damos la bienvenida a ese viento que nos renueva.

En una de estas tardes de calor, me acordaba de esa frase que usó el Papa Juan XXIII, al comunicar su idea de convocar al Concilio Vaticano II: “Quiero abrir las ventanas de la Iglesia…”. Este año se cumplirán 50 años del inicio del Concilio, ese hito tan importante para la vida de la Iglesia de nuestro tiempo. Dicen los que cuentan la historia, que cuando lo eligieron a Juan XXIII, todos imaginaron que sería un Papa de “transición”. Al momento de ser elegido tenía casi 77 años y fama de humilde y bonachón. Sin embargo, a los 3 meses de ser elegido, comunica su idea de convocar a un Concilio ecuménico, la reunión más importante de la Iglesia mundial. Más que una transición, su labor es recordada como la de una profunda renovación en la vida eclesial. Por eso él mismo usó la imagen de abrir las ventanas de la iglesia “para que podamos ver hacia fuera y los fieles puedan ver hacia el interior”. Otros dicen que también quería abrir las ventanas para que el viento del Espíritu lleve a la Iglesia donde El quiera.

Muchos de las intuiciones, los desafíos y las enseñanzas que nos dejó el Concilio, siguen orientando y movilizando la vida de nuestras comunidades. Tal vez, esta celebración de los 50 años, nos ayude a revalorizar este momento fundamental en nuestra historia y a retomar su espíritu. Pero también me parece que podemos utilizar esta imagen de las ventanas para pensar la Cuaresma. El 22 de febrero, miércoles de cenizas, hemos empezado estos 40 días de preparación a la fiesta de la Pascua de Resurrección. ¿Qué es lo que intentaremos hacer en este tiempo? Abrir las ventanas de nuestra vida. La rutina, la comodidad y el egoísmo, muchas veces nos hacen ir encerrándonos en nuestro pequeño mundo, con nuestras alegrías y problemas. Pero como todo lugar que se encierra, corre el peligro de enviciarse, de volverse denso y sin vida. Por eso es necesario que volvamos a abrirnos. ¿Para qué? Ya lo decía el Papa bueno: para mirar hacia fuera, para ver el interior, para que entre el viento.

En primer lugar queremos volver a mirar a nuestro alrededor. Cuando abrimos nuestras ventanas, nos asomamos al mundo que está más allá de nuestras cuatro paredes, de nuestras relaciones más inmediatas y cotidianas. ¡Qué importante que podamos hacer esto en nuestra vida cristiana! Seguir a Jesús es animarse a salir al encuentro de los otros y las otras, aceptar la invitación de caminar junto a los demás, es romper toda barrera de aislamiento para compartir con el que está más allá, aunque sea diferente, aunque tenga otras opciones, aunque piense distinto.

Pero a la vez, al abrir la ventana, también permitimos que se vea hacia el interior de la casa. Y hacia allí también tendremos que ir en esta Cuaresma: hacia el interior de nosotros mismos, hacia el interior de nuestra comunidad. Como esos momentos en que revisamos el placard para hacer limpieza, para tirar lo que se ha acumulado inútilmente, para sacar lo que ya no sirve o incluso es peligroso.

Pero sobre todo, la Cuaresma es una oportunidad para abrirnos al viento del Espíritu, que sea Él quien nos renueve y nos impulse. Es verdad, el viento a veces nos da miedo, porque desordena, tira y derriba. También el Espíritu a veces nos “moviliza” de esa manera. Por eso tendremos que animarnos a vivir el desafío de ser desinstalados, movidos y cuestionados.

Que el mismo Espíritu que inspiró a Juan XXIII nos ayude a nosotros a caminar en fidelidad al Evangelio. Que aprovechemos la Cuaresma para renovar nuestra vida.

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Marzo 2012


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