Un mar de fueguitos.

Por
lourdes
Jueves, 19/07/2012
Dice Eduardo Galeano en un breve cuento llamado “El mundo”: “Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. “El mundo es eso” -reveló- “un montón de gente, un mar de fueguitos”. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”. (E. Galeano, El libro de los abrazos)
Me gusta mucho esta imagen poética de la realidad vista desde el cielo. No es casual que el protagonista descubra esto cuando sube “al alto cielo”. Tal vez es necesario alejarse de la inmediatez, de la vista corta, de las trabas cotidianas. Cuando se es capaz de mirar desde lo alto, ahí se puede descubrir la luz que habita en cada persona, ese fuego que irradiamos y que da vida, luz y calor.
El lema que elegimos para celebrar las fiestas patronales de este año es: “María, aviva en nosotros el fuego del Espíritu, para acompañarnos como hermanos”. En esta frase quisimos expresar varias ideas. Por un lado, celebramos la certeza de que en todos nosotros arde el fuego del Espíritu. No le pedimos a la Virgen que nos encienda el fuego, sino que lo avive, que lo haga arder con más fuerza. Como nos recuerda el cuento de Galeano, ya somos un mar de fueguitos, pero hay fuegos bobos que no alumbran ni queman. Queremos que el Espíritu nos renueve de tal modo, que seamos una verdadera llama que tenga fuerza, luz y calor. No queremos vivir nuestra vida como una rutina pobre y aburrida, no queremos vivir el servicio con desánimo o malhumor, no queremos que nuestra comunidad sea un espacio sin vida y sin dinamismo. Por eso pedimos que estas fiestas nos renueven, nos animen y nos impulsen a un vivir un año con pasión.
Pero por otro lado, sabemos que este fuego que brilla en cada uno, no nos fue dado para nosotros mismos, sino que nuestro desafío es “acompañarnos como hermanos”. Si en una chimenea o en un fogón, queremos ir apagando un fuego, lo primero que hacemos es empezar a separar los leños. Cada trozo de madera, por separado, se va a ir consumiendo. Por el contrario, cuando la leña se une, el calor de cada uno ayuda a encender al otro, y así llega a formarse una verdadera fogata. Sabemos que así es también nuestra vida: cuando nos desunimos, nos vamos apagando; cuando nos animamos a compartir, hay algo nuevo que se enciende.
Lo que le pedimos a la Virgen este año, seguramente es lo que muchos experimentamos al celebrar las fiestas patronales de cada año. Es un día que esperamos, disfrutamos y nos deja con el corazón agradecido y entusiasmado. Nos alegramos de reunirnos en torno a la Madre que nos convoca, recibimos y compartimos con todos los que se acercan a rezar y nos renovamos en el deseo de seguir caminando juntos todo el año. Los invitamos a que este año vivamos con alegría esta oportunidad que Dios nos regala.
Que Jesús nos regale una linda fiesta y que la Virgen nos anime a seguir formando una verdadera comunidad, alegre y comprometida en el servicio.
Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Febrero 2012

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lourdes