Caminando juntos.

Por
lourdes
Miercoles, 18/07/2012
¿Se puede enseñar a caminar? De algún modo sí y de algún modo no… Creo que a nadie se le ocurriría sentar a un niño y darle una clase sobre cómo caminar. Se volvería tan ridículo como el escrito de Julio Cortázar que, con ironía, describe las “Instrucciones para subir una escalera”: “Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. …La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie)”. El párrafo resulta cómico porque se propone explicar lo que no es necesario. ¿Nos imaginamos a un niño escuchando una explicación semejante?... De esta manera, no se enseña a caminar.
Aunque también es cierto que para que un niño se largue a dar los primeros pasos, necesita de manos que lo sostengan, que lo animen y que lo esperen del otro lado para recibirlo después de sus pisadas apuradas y tambaleantes. Muchas veces precisará que otros lo ayuden, le corran de su camino las cosas con las que se puede golpear, lo levanten y acompañen, hasta que se largue a caminar seguro y solo. Será necesaria mucha paciencia para saber respetarle su tiempo, para caminar a su lado sin apurarlo, para alentarlo cuando se canse de tropezar. Habrá que vencer la tentación de tomarlo en los brazos para “hacer más rápido”, porque de esa manera nunca aprendería… De esta manera, sí que se enseña a caminar.
A lo largo de nuestra vida, siempre seguimos manteniendo el desafío de ayudarnos a caminar los unos a los otros. Tendremos que repetir esos gestos primeros que alguien hizo con nosotros: acompañar, sostener, levantar, alentar, esperar… En este mes que celebramos el día de las madres, tal vez podamos inspirarnos en sus gestos para renovar nuestra manera de acompañarnos.
En nuestra comunidad, durante este tiempo, también viviremos algunos acontecimientos que nos recuerdan la invitación a caminar juntos. En el primer fin de semana de octubre, muchos jóvenes y otros tantos no tan jóvenes, irán caminando a Luján. Peregrinar juntos hasta la casa de la Madre es una linda metáfora de la vida: es un camino que hacemos juntos, entre luces y oscuridades, con piedras y con tropiezos, pero también con fuerzas y con ganas. Una de las ricas enseñanzas que deja la peregrinación de cada año es la importancia de caminar junto a otros. Cuando uno se queda sólo, cuando se separa del grupo, el cansancio aparece peor, los dolores parecen no tener remedio. Por el contrario, cuántas veces uno experimenta que puede seguir adelante gracias a la fuerza que le brindan los de al lado, porque literalmente nos empujan o porque nos acompañan con su aliento. Por todo eso, el camino a Luján se parece al camino de la vida…
Y el mes que viene, el 5 de noviembre, haremos nuestro tradicional viaje al Santuario de la Virgen de Lourdes en Santos Lugares. Algunos irán caminando, y muchos otros lo harán en micros. Pero más allá de qué modo llegue cada uno, todos vamos con el deseo de pedirle a María que aliente nuestra comunidad. Por eso, este año quisimos peregrinar con el lema: “María, aviva en nosotros el fuego del Espíritu, para acompañarnos como hermanos”. Queremos reanimar ese fueguito que tenemos dentro, esa fuerza que nos saca de los individualismos y nos hace cuidarnos, estar atentos a los otros, saberlos respetar, escuchar y alentar en el camino. De eso se trata caminar juntos, como hermanos.
Pidámosle a María que nos ayude a caminar: tantas veces ella, como buena madre, nos sostiene de la mano, nos levanta de las caídas y nos espera para que lleguemos a sus brazos abiertos que quieren reunirnos a todos como su gran familia.
Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Octubre 2011

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