Aprender y contagiar la melodía.

Por
lourdes
Martes, 17/07/2012
Volvía de San Isidro. La tarde estaba gris y húmeda. Cuando me bajé del tren ya llovía. Apuré los pasos para llegar más rápido. Iba con la cabeza gacha, cubierto por la capucha de la campera. En la calle había muy poca gente. Ya casi llegando a mi casa me cruzo con un hombre. Iba por la misma vereda, pero en sentido contrario. Cuando se va acercando, escucho que está cantando en voz fuerte. A medida que se acerca puedo reconocer la canción, yo también la conozco. Fue instantáneo, cuando nos cruzamos, yo también me puse a cantarla. Creo que él ni lo notó, pero seguí el trecho del camino que me faltaba cantando una canción. Fue casi como que me hubiera contagiado con su música…
Me puse a pensar que muchas veces nos “contagiamos” por la calle. No hablo de los virus y bacterias, ni de las precauciones de la gripe A. Pienso que nos “contagiamos” alegrías, humores, broncas, maltratos y amabilidades. Si alguien va por la vida sonriendo, seguramente su sonrisa se multiplicará en otros. Aquel que va saludando, casi “obliga” a que algunos le devuelvan el saludo. El que va protestando e insultando, seguramente logrará que otro siga enojado por un rato del día. Me pregunto: ¿qué contagio yo por la calle?
Y como los pensamientos suelen venir en cadena, enganchados unos de otros, cuando seguimos tirando de un pensamiento suele aparecer otro que va unido. A mí esto me hizo acordar de un antiguo cuento que relata Jaime Barylko en su libro sobre La Torá (los cinco primeros libros de la Biblia). Dice así: “El rabí Israel Shem Tov le dijo a sus discípulos. Una vez llegó un sordo a un gran baile. Veía los movimientos de la gente, pies, manos, gestos. Creía que todos estaban locos. Era un caos sin sentido. Es que le faltaba el elemento que une a toda la trama. Le faltaba la melodía. A veces contemplamos el mundo y se nos ocurre que no tiene argamasa que una a los acontecimientos del azar. Hay que hacer un esfuerzo para descubrir la melodía. La Torá proporciona esa melodía.”
Así empieza Barylko su reflexión sobre la Biblia. Él dice que los relatos bíblicos fueron escritos para que nosotros pudiéramos conocer la melodía del mundo. Cuántas veces contemplamos nuestra realidad y nos parece que nada tiene sentido, que las cosas pasan sin ningún orden ni armonía. Miramos el baile, pero sin escuchar la música, eso que le da sentido al devenir cotidiano. La fe, alimentada en la Palabra, es el camino para ir descubriendo ese nuevo modo de mirar lo que nos pasa. Es una mirada más profunda, que no sólo percibe lo que se ve, sino que también está atento a la melodía que está por detrás, esa que va uniendo todo, para ir haciendo historia de salvación. El libro del Apocalipsis usa una imagen muy sugerente, dice que “los elegidos cantaban un canto nuevo delante del trono de Dios…Y nadie podía aprender este himno, sino los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra” (Ap 14,3). Hay una alegría, expresada en ese canto, que sólo puede conocer aquél que conoce el amor de Dios, aquellos que fueron liberados del egoísmo y la maldad.
Todos aquellos que creemos en Dios, que estamos tratando de seguir un camino de fidelidad a su Palabra, tenemos la oportunidad de conocer esa melodía. Pero por eso también, tenemos la responsabilidad de contagiar esa melodía a otros, de brindar esa manera de mirar con serenidad y esperanza. Nadie puede guardarse la canción para sí. Barylko lo expresa con claridad: “El camino es arduo porque no puedo ser feliz si tú no lo eres; no puedo tener paz si tú estás en guerra; no puedo reposar si estás angustiado. Por eso se trata de un programa comunitario e histórico. Lo humano se juega siempre dentro de un marco de “nosotros”. En esta vida, en esta tierra. En este tiempo. Y en la responsabilidad de cada uno”.
Me pregunto qué es lo que percibe la gente que nos rodea, qué es lo que puede ver en nosotros. ¿Podrá descubrir que vivimos la felicidad del que ha conocido la verdadera melodía? ¿O verá en nosotros gente sin entusiasmo que contagia desgano y críticas? Que Dios nos conceda conocer la melodía e irla contagiando por la vida.
Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Agosto 2011

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lourdes