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Nosotros fuimos esclavos en Egipto.
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Viernes, 13/07/2012
Nosotros fuimos esclavos en Egipto.
Unos días antes que los cristianos celebremos la Pascua de Resurrección, la comunidad judía estará celebrando Pesaj (la Pascua de la liberación de Egipto). Como saben, la celebración principal se realiza en una cena familiar en la que con gestos, oraciones, signos y alimentos, van haciendo memoria de ese acontecimiento fundamental en el caminar del pueblo de Dios. Hay un aspecto que el ritual judío remarca y me parece muy sabio: cada persona debe sentirse como si él mismo hubiese estado esclavo en Egipto y hubiese sido redimido. La esclavitud y el éxodo de liberación, no son cosas que han ocurrido sólo una vez. Ocurren en cada generación. Narrando eventos que ocurrieron hace siglos, se sigue hablando del presente y se sueña con el mañana.

El ritual indica que, luego de las preguntas que hacen los niños acerca de la diferencia de esa noche, alguien debe relatar la historia del Éxodo, que comienza con estas palabras: “Nosotros fuimos esclavos en Egipto…”. No se trata de una historia pasada, de un simple recuerdo, no se trata de algo que le sucedió a otros. Se trata de la historia de nuestra vida que continuamente está pasando de la esclavitud a la libertad.

Como cristianos nos disponemos a la celebración del misterio Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Es el misterio central de nuestra fe y por eso las celebraciones de Semana Santa son las más importantes de todo el año. Para disponernos este año a una mejor participación, creo que podemos enriquecernos con esta tradición judía y recordar que también para nosotros la celebración es “actualización”: no sólo recordamos el pasado, sino que lo hacemos presente en nuestra vida. No debemos olvidar que los acontecimientos de la muerte y resurrección de Jesús se dan en los días en que en Jerusalén celebraba la Pascua, y la última cena con los discípulos es una cena pascual, donde Jesús da un nuevo significado al pan y al vino que se comparte, dejándolos como memoria de su entrega. Por todo esto, es importante recordar que para comprender mejor la Pascua cristiana, debemos conocer y vivenciar la Pascua de Egipto.

Egipto en hebreo se dice Mitzraim, este término se relaciona con una raíz que significa “angosto” o “estrecho”. Por eso, alguna tradiciones dicen que Egipto, más allá de un lugar geográfico concreto, es todo lugar en el que alguien esté siendo oprimido, que sufra la “estrechez y la angostura”. De esos lugares nos quiere sacar Dios, para llevarnos a una tierra espaciosa, la tierra de la libertad y de la comunión.

Podemos pensar en estos días cuáles son los lugares de opresión en nuestro tiempo. En primer lugar, reflexionar sobre las personas oprimidas por cuestiones sociales: aquellos que viven en la estrechez de la pobreza, de la enfermedad y la exclusión. También en nuestros días hay esclavitudes y trabajos no dignos. Tal vez los estemos sufriendo, pero tal vez también estemos contribuyendo con ellos, amparando o usando situaciones de opresión. Celebrar la Pascua no puede dejarnos indiferentes frente a estas situaciones.

También podemos meditar cuáles son esas esclavitudes que nosotros mismos nos hemos buscado. Quizás hemos dejado que el dinero nos saque libertad, que el cuidado de nuestra fama o buena imagen nos prive de salir al encuentro de los otros. Cuántas veces en nuestra vida quedamos presos de los rencores, de peleas viejas, de odios heredados, de prejuicios que nos dividen. Todo esto nos priva de vivir la libertad de los hijos de Dios. Todos estos son los “Egiptos” de los cuales Dios quiere liberarnos.

Como ya lo sabemos, vivir bien la celebración de la Semana Santa no pasará por comer el pescado que va a estar caro, ni por visitar un montón de iglesias, y ni siquiera por llevarnos una rama de olivo a nuestras casas. Celebrar la Pascua será hacer memoria de que Dios nos quiere libres, que Él se compromete en el camino de nuestra liberación hasta dar la vida, y por eso, nos invita a jugarnos también nosotros por crear una sociedad más libre y más fraterna.


Feliz Pascua.

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Abril 2011


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