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¿Noche de paz? ¿Noche de amor?
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Jueves, 12/07/2012
¿Noche de paz? ¿Noche de amor?
Uno de los más conocidos villancicos describe así la noche de Navidad: como una noche de paz y de amor, donde todo duerme en un calmo silencio donde resuena la voz celestial. Pero nuestras navidades, ¿son parecidas a las del villancico?

No parece que sea una noche de silencio, más bien es un momento de mucho ruido, por reuniones, festejos, pirotecnia y música. Y no sólo falta el silencio exterior, también nuestra cabeza está llena de ocupaciones y preocupaciones, trabajos y cansancios que hacen ruido adentro nuestro. ¿Y será una noche de amor? Dependerá de cada uno y en cada año, pero debemos reconocer que a veces las fiestas provocan muchas tensiones en nuestras familias. Tal vez nos reunimos, pero más que “unidos” parecemos amontonados, uno al lado del otro pero sin verdaderos deseos de encontrarnos. “Que tu hermano no trae nunca nada”, “que ahora va a venir con la nueva pareja”, “que yo no quiero sentarme a la misma mesa con ese”…. Un montón de dificultades, grandes o chicas, parecen alejarnos de que la Navidad sea tal cual la describe el villancico. Pero, ¿cómo habrá sido la nochebuena de María y José?

El evangelio de Lucas, capítulo 2, es muy poco lo que nos dice: que el emperador ordenó un censo donde cada uno debía ir a su ciudad de origen y por eso José y María, ya a punto de ser madre, emprenden el viaje hacia Belén. Allí no encuentran alojamiento más que en un pesebre, donde ocurre el nacimiento de Jesús. Para ellos, ¿habrá sido una noche de paz? Yo me imagino que no. Por lo menos no de la paz del que no tiene ninguna dificultad ni problema. Ellos eran forasteros en una ciudad extraña. Si todos debieron trasladarse por el censo, seguramente no fueron ellos los únicos que no consiguieron alojamiento, habría gente acomodada por todas partes, tratando de pasar lo mejor posible esos días de burocracia. Sería una ciudad convulsionada, con un montón de personas que obedeciendo una ley imperial debían trasladarse para un trámite no demasiado provechoso. Y en todo ese contexto, vivir la tensión de un nacimiento. Aunque recibir un hijo debe ser una de las experiencias más lindas de la vida, también es un momento difícil. Hay dolores, nervios, angustias, hay que buscar ayuda de alguna comadrona, hay que preparar un lugar más o menos limpio donde recibirlo. No me imagino que eso sea una noche de paz!

Por eso creo que aunque el villancico lo diga, la verdadera Navidad no pasa por ahí. ¿Qué es lo fundamental en esta fiesta? Que Dios llega cualquiera sea nuestra situación, que Él nos renueva la certeza de su compañía sin mirar nuestra condición. No importa que no sea la “Navidad ideal”, lo importante es que en medio de todo lo que vivamos y hagamos, podamos descubrir al Dios que se hace hermano de cada ser humano. Muchas veces no podemos celebrar la Navidad como nos gustaría, porque hay que ponerse de acuerdo con otros, porque falta alguien que quisiéramos que esté, porque estamos viviendo un problema justo en esos días… Seguramente María y José tampoco hubieran querido celebrar la primera navidad de esa manera, sin embargo pudieron descubrir que Dios estaba igual, no importaba el lugar, ni la pobreza, ni las dificultades. En ese sentido sí habrán sentido paz, pero la paz de la presencia de Dios, una paz que se puede vivir en medio del ruido y las corridas.

¡Que Jesús nos regale una verdadera Navidad! ¡Muchas felicidades!

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Diciembre 2009


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