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¿Pandemia o pandemónium?
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Miercoles, 11/07/2012
¿Pandemia o pandemónium?
Hace algunas semanas, cuando recién comenzábamos a hablar de la gripe A, alguien me comentó: «Parece que están por declarar que la gripe ya es un “pandemónium”». En el momento algo me sonó raro, pero después de un rato me di cuenta que esta persona había querido decir “pandemia” y se había confundido con esta otra palabra que suena parecida. La pandemia, dice el diccionario, es “epidemia que afecta a varias regiones o países”. El pandemónium, en cambio, se dice del “lugar donde reina el desorden y la confusión”.

En este momento, viendo todo lo que ha pasado en nuestra sociedad en este último tiempo, me pregunto si esta persona estaba tan confundida o si realmente la gripe no sólo es una pandemia, sino que ha transformado nuestro país en un ¡gran pandemónium! No me propongo hablar sobre la gravedad de esta enfermedad, ni sobre las medidas a tomar, ni sobre las políticas sanitarias. Realmente no me encuentro preparado para evaluar muchas de estos temas y prefiero dejar lugar a que hablen los que realmente saben. Pero quisiera hacer una breve reflexión sobre algunas conductas y pensamientos que van naciendo a raíz de la gripe. Algunas prácticas son necesarias o aconsejables durante este tiempo, pero espero que no se nos instalen como conducta permanente. Otras, en cambio, desearía que las aprendiéramos más allá de esta circunstancia concreta.

Espero que una vez que la epidemia esté controlada, sepamos desterrar esta sensación de que el otro es una amenaza. Las medidas de prevención, aunque necesarias, tienen el riesgo de que se nos vaya instalando esa idea de que me tengo que cuidar del otro, porque acercarme a él puede ser peligroso. No tocarse, no besarse, no darse la mano, hablar a un metro de distancia… Seguramente todos hemos visto cómo se mira a aquel que estornuda o tose, casi se lo considera una amenaza terrorista. Vuelvo a insistir: no estoy en contra de estas medidas de prevención, seguramente muchas son necesarias, lo que me preocupa es que se nos instale la desconfianza. Por eso mi interés principal es por lo que pase una vez que la epidemia sea superada, ¿podremos volver a mirar a los otros como riquezas a descubrir? ¿nos acordaremos de que los otros nos traen la vida y no la muerte?

Pero, así como hay conductas a superar, esta epidemia tal vez es una buena oportunidad para aprender y crecer. Sería realmente bueno que todos aprendamos que cuidar nuestra salud y la de los otros es un deber. Ojalá que las normas de higiene no sean simplemente una moda, más allá de que sea con alcohol en gel o con agua y jabón. ¿Era necesaria una pandemia para que aprendamos lo que tantas veces nos repitieron de chicos, que era necesario lavarse las manos? Dios quiera que recordemos siempre que es necesario tomar las medidas para no contagiar una enfermedad; pero no sólo con la gripe A, siempre será necesario que tengamos ese cuidado de no esparcir nuestros gérmenes. Si estoy enfermo y puedo contagiar, tengo una responsabilidad no sólo por mí, sino también por el otro, tengo que tener el cuidado de no provocarle un mal.

En estos días todos estamos preocupados por las políticas sanitarias, por el estado de colapso de los hospitales, por la atención a veces insuficiente. ¿Qué pasará en unos meses? Cuando el peligro se haya alejado un poco de nuestro lado, ¿seguiremos atentos a la salud de los más pobres? Miles de personas tienen constantemente su vida amenazada porque tienen sus necesidades básicas insatisfechas, ¿esa no será una pandemia a curar?

Dios quiera que pronto se pueda superar la enfermedad, que se encuentren y se tomen las medidas necesarias para desterrarla. Y además, que nos ayude a aprender de toda esta situación. En definitiva de eso se trata el Evangelio, de que los signos de muerte sean transformados en signos de vida.

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Agosto 2009


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