Ayudame a mirar.
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: «¡Ayúdame a mirar!» (Eduardo Galeano, El libro de los abrazos).
La reacción del chico ante el mar y su pedido al padre, me parece conmovedor pero paradójico. ¿Cómo ayudar a mirar a alguien? ¿Qué hacer para que el otro pueda mirar? Pareciera que el mirar es un acto individual y personal, donde los otros pueden acompañarnos, pero no ayudarnos. ¿Qué pudo hacer el padre frente a este pedido? ¿Su tarea no se había acabado al llevarlo ante el mar?
Sin embargo, aunque la mirada sea personal e interior, es cierto también que podemos ayudarnos los unos a los otros a mirar. Se me ocurren al menos dos sentidos en los que podríamos hacerlo (tal vez a ustedes se les ocurran otros…). El primero es ayudarnos a orientar la mirada, el segundo es ayudarnos a tener una mirada crítica. Me explico mejor.
Cuando dos personas comparten un gusto, un interés o una pasión en común, es muy probable que se aconsejen mutuamente no dejar de ver algo. Por ejemplo, hace unos días alguien me llamaba la atención sobre algunos árboles y sus colores durante el otoño: “
Fijate que lindo que se pone el gynko que está en tal lado” o “
¿Viste el color de los liquidambar?”. De la misma manera, el apasionado de los autos le aconsejará a otro que no deje de ir a ver el Ford antiguo que está estacionado en tal lado o lo bueno que tiene aquel su Chevy. Y así como nos ayudamos a mirar las cosas, estamos llamados a colaborar unos con otros para orientar mejor la mirada que tenemos sobre lo que somos y lo que estamos viviendo. Cuantas veces no sabemos ver lo bueno de nuestra vida, cuantas pasamos por alto, sin detenernos, en situaciones importantes que estamos viviendo. Qué bueno si en ese momento alguien nos ayuda a mirar, nos aconseja que no dejemos de disfrutar de esa alegría, que nos orienta para valorar exactamente lo que nos está pasando.
Pero además, mirar no siempre es tan fácil. A veces es necesario tener una mirada crítica, que no se queda con lo primero que ve, que sabe analizar y discernir lo que se presenta ante nuestros ojos. Hace poco pasamos por una campaña política. Cuántas veces fue necesario discernir lo que veíamos y escuchábamos de los políticos. Qué importante que podamos tener una mirada crítica frente a lo que nos presentan los medios. No siempre lo que nos muestran es la pura realidad. Por eso, porque es importante poder juzgar y discernir, es que nadie puede mirar sólo. Nadie es capaz de hacer esta tarea aisladamente. Nos vamos complementando unos a otros en esta difícil pero apasionante labor de mirar con justicia y verdad.
Además, como cristianos, se nos agrega un desafío más: intentar mirar nuestra realidad desde la mirada del evangelio, desde sus opciones y valores. Ciertamente esta es una labor comunitaria, nadie puede arrogarse la posesión de la justa mirada espiritual. Solamente en el discernimiento comunitario podemos descubrir en lo que vivimos la presencia viva del resucitado. Y qué importante que nos ayudemos unos a otros en esta tarea, porque como dice una conocida canción: “
Que pena pensar que muchísimos hombres, no viven la vida porque no la ven. Y no la ven porque miran las cosas, miran al mundo, con sus propios ojos. En cambio si la gente lo mirara a través del prisma del amor, aun en el dolor hablaría de Dios”.
Ayúdenme a mirar, ayudémonos a mirar.
Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Julio 2009