Admin
 
 
Logo DIPLOX
La noche larga.
Volver Por lourdes
  
Martes, 10/07/2012
La noche larga.
Con la llegada del otoño y los primeros fríos, también se empieza a sentir cómo se acortan los días. Anochece más temprano, amanece más tarde y la noche se hace cada vez más larga. Personalmente el frío no me molesta, pero no me gusta demasiado que el sol se vaya tan rápido. Ya a la tardecita las calles se empiezan a vaciar más rápidamente y se alarga ese tiempo para estar adentro, al abrigo del calor del hogar. Y los días seguirán acortándose hasta aproximadamente el 21 de junio, que será la noche más larga a partir de la cual comenzaremos el camino inverso.

Muchas culturas celebraban y celebran el solsticio de invierno como una fiesta especial. El comienzo de esta etapa dura y oscura que es el frío invernal era ritualizado por muchos pueblos en festividades en que pedían al sol que no abandone la tierra. Las culturas andinas, por ejemplo, celebran el Inti Raymi, la fiesta del sol que marca el inicio del año nuevo. Me parece interesante este dato: justamente la noche más larga, es la oportunidad de celebrar al sol que comienza a asomarse. El momento de mayor oscuridad es también el momento en que el sol comienza a vencer. Esto puede ser verdad también en las noches largas de nuestra vida.

Porque al igual que la tierra, también nuestras vidas pasan por noches y muchas veces noches largas y cerradas. En la vida familiar, comunitaria, social, hay etapas en la que todo parece oscurecerse, no vemos claro para dónde seguir caminando. Es un momento difícil y desconcertante. Incluso nuestra experiencia religiosa pasa por lo que los místicos llaman la noche oscura del alma. Esa etapa en que no podemos experimentar sensiblemente la presencia de Dios, nos cuesta rezar y nos sentimos abandonados por aquel que en otro momento experimentábamos vivo y presente. Como todo momento de mucha movilización interior, es una etapa para no tomar grandes decisiones sino para realizar ese trabajo duro de la espera activa. Esperar que la noche despeje, pero no esperar de brazos cruzados, sino poniendo todos los medios que estén a nuestro alcance. Y cuando lleguen los momentos más oscuros de la noche, cuando parezca que la oscuridad cubrió todo, será la oportunidad de empezar a celebrar la promesa del sol. Es como tocar el fondo del pozo, estar en lo más bajo, pero pisar fuerte para comenzar a subir, a superar, a salir hacia arriba.

Las noches largas son también oportunidades. En las noches de invierno muchas veces las familias pasan más tiempo juntas. Todos “entran” más temprano y hay más oportunidades para charlar, para compartir, para encontrarse. Las noches de la vida también nos brindan la oportunidad para afianzar y fortalecer algunos vínculos. Tal vez lo hemos experimentado en alguna situación difícil: ese problema, ese dolor, esa enfermedad, dio la ocasión de re-encontrarnos, de descubrir lo fuerte que estaba la relación, de valorar la presencia del otro. Por eso será que un místico como San Juan de la Cruz, puede terminar cantándole a la noche oscura, ella es más importante que el día, porque permite el encuentro: “¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche, amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste Amado con amada!

Que Dios nos acompañe en nuestras noches, que nos de sabiduría y paciencia para transitarlas y que podamos celebrar la esperanza del sol que se acerca, que siempre regresa para hacer renacer la tierra.

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Junio 2009


Volver Por lourdes