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Los gestos inútiles.
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Martes, 10/07/2012
Los gestos inútiles.
Tal vez en algún momento de nuestra vida hemos sentido que alguien fue desagradecido con nosotros, que no supo valorar lo que hicimos o hacemos por él o por ella. En ese momento quizás nos preguntemos: ¿valió la pena lo que hice? ¿para qué me esforcé? ¿para qué intento hablar si nadie me escucha? ¿para qué voy a visitarlo si él no me recibe? ¿para qué desear una reconciliación cuando el otro no quiere? ¿para qué trabajar cada día si nadie lo valora? ¿para qué realizar las tareas de la casa si nadie parece darse cuenta? Cuando estas preguntas se instalan en el corazón posiblemente nos sintamos heridos y agobiados, con ganas de bajar los brazos y no desgastarnos en gestos inútiles. En este mes de abril, los cristianos celebramos nuestra fiesta principal: la Pascua de Resurrección. Volver a mirar los relatos del evangelio puede ayudarnos a mirar estos “gestos inútiles” de una manera nueva.

Los cuatro evangelistas coinciden en el dato: las primeras que conocieron la noticia de la Resurrección de Jesús fueron un pequeño grupo de mujeres que fueron al sepulcro en la madrugada del domingo. Tomemos como guía el relato del evangelio de Marcos (16, 1-8): tres mujeres compran unos perfumes para ungir el cuerpo de Jesús y se dirigen a la sepultura bien temprano, en cuanto ha pasado el tiempo del descanso sabático. Recordemos que Jesús había sido asesinado en la víspera de la fiesta judía de la Pascua, por eso su sepelio se había realizado de un modo un tanto apurado e improvisado. Además se trataba de un preso ajusticiado por rebelión y herejía, nadie quería hacerse cargo de un cuerpo condenado. Al no haber podido hacerlo antes, las mujeres quieren honrar el cuerpo del difunto con las costumbres propias de la época: ungiéndolo con perfumes. No hay gesto más “inútil” que los cuidados y preparativos de un cuerpo muerto: no sirven más que para expresar cariño, son pura gratuidad de un amor que sabe que no va a ser recompensado. Además las mujeres recuerdan que para poder realizar la tarea tienen otra dificultad: la piedra del sepulcro. Tres mujeres solas no iban a poder hacer rodar la piedra y por eso mientras van de camino se preguntan: “¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?”.

Pensado desde la utilidad, nada de lo que van a hacer estas mujeres tiene demasiado sentido: ¿para qué sirven sus gestos? ¿quién los va a valorar? ¿no se dan cuenta que no van a poder entrar? ¿por qué siguen caminando si ni siquiera saben cómo resolver ese problema? Sin embargo, nada de esto las detiene. Hay un fuego en su interior que las impulsa al encuentro del cuerpo del maestro amado, hay un cariño que no sabe de utilidades, intereses y conveniencias. Y porque ellas fueron fieles a este amor se encontraron con la mejor noticia, con mucho más de lo que esperaban: la muerte se había transformado en vida y el maestro los esperaba en Galilea.

Por eso, esta fiesta de la Pascua nos invita a mirar de una manera distinta nuestros “gestos inútiles”. Es verdad que desde la utilidad y conveniencia, no vale la pena realizarlos. Pero desde el amor que todo lo espera, siempre vale la pena seguir apostando e intentando porque esta es la única manera de encontrarnos con la verdadera vida. La Pascua nos anima a seguir adelante aunque parezca que no tiene sentido. Las mujeres del sepulcro nos recuerdan que las acciones no son valiosas por el resultado que obtienen sino por el amor con que se realizan.

Por último, la Pascua nos estimula a celebrar todos los gestos de amor gratuito que otros hacen por nosotros. Si miramos a nuestro alrededor, seguramente descubriremos que hay muchas personas que nos están mostrando su cariño con gestos fieles y constantes, a veces imperceptibles pero no por eso menos importantes. ¿Sabemos valorarlos? ¿Y si en esta Pascua nos volvemos un poco más agradecidos?

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Abril 2009


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