Es tiempo de aprender.

Por
lourdes
Martes, 10/07/2012
¡Empiezan las clases! Hay que preparar carpetas y cuadernos, conseguir los libros y materiales que hagan falta. Hay que probarse el delantal o el uniforme para ver si el “estirón” del verano hizo necesario cambiarlo por uno más grande. ¿Qué tal será la maestra? ¿Cómo será este año? ¡Qué difícil volver a levantarse temprano! Cada mes de marzo muchas de las familias con hijos en edad escolar viven esa ansiedad, tensión y alegría que significa el inicio del ciclo lectivo. Ya las vacaciones quedan definitivamente atrás y se inicia el tiempo del aprendizaje y el estudio.
A veces, tal vez de un modo inconsciente, relacionamos el aprendizaje exclusivamente con la escuela y con la niñez o adolescencia: los chicos son los que aprenden y lo hacen con maestros que les enseñan. Pero si bien las escuelas son lugares privilegiados para esta tarea, es importante recordar que todos continuamente aprendemos a lo largo de nuestra vida y, además, que podemos hacerlo en cualquier lugar y de cualquier persona.
¿Quién no tiene todavía algo que aprender? ¿Quién puede decir que no tiene nada en que crecer? ¿Quién se animaría a afirmar que ya sabe todo? Y cuando digo esto no estoy pensando en lo que sabemos intelectualmente sobre informaciones y materias. Sobretodo me refiero al aprendizaje sobre la vida, al saber vivir. Pero, aunque esto sea cierto, no siempre nos gusta reconocer nuestras incapacidades o ignorancias. Tantas veces actuamos con la soberbia del que “ya está de vuelta en la vida”, del que “tiene mucha calle y sabe cómo son las cosas”. Es por eso que el aprendizaje requiere un profundo gesto de humildad: solamente puede aprender aquel que se anima a reconocer que no se las sabe todas. No importa la edad que tengamos, porque cada etapa de la vida nos presenta desafíos nuevos que nos exigen volver a aprender. Por algo se dice que “cuando aprendimos las respuestas, la vida nos cambia las preguntas”. Cuando creemos que más o menos manejamos una etapa, prontamente entramos en otra que nos exige volver a empezar.
A veces quisiéramos preguntar dónde se aprenden las cosas fundamentales de la vida. ¿Dónde hay una escuela que nos enseñe a ser padre o madre? ¿y a ser hijos, maridos, esposas, abuelos, curas? ¿quién enseña a vivir en comunidad? ¿dónde se estudia cómo ser buen ciudadano? Ciertamente no hay “escuelas de vida”, aunque toda la vida es una escuela, en la cual todos somos maestros y alumnos al mismo tiempo. Allí no corren jerarquías ni estudios: el más analfabeto puede ser el más sabio, el más pecador puede instruir al santo y el más chico puede enseñarle al más viejo. En definitiva, no importa nuestra edad, no importa el lugar, no importa quién, solamente una cosa es necesaria: el deseo de aprender…
Como iglesia diocesana hemos iniciado el año pasado un camino de preparación para la asamblea que se realizará en junio próximo. En cada momento fuerte del año vamos a ir trabajando alguna actitud que nos ayude a llegar a ese acontecimiento mejor dispuestos y preparados. Así, el adviento pasado trabajamos en la actitud de la escucha; y durante esta cuaresma lo haremos sobre nuestra capacidad de aprender. Los que participen de las celebraciones durante estos domingos de cuaresma van a ir recibiendo un pequeño folleto que nos acompañe en este camino. Pero me gustaría invitarlos a todos a que nos tomemos un rato durante estos días y nos preguntemos: ¿qué me gustaría aprender durante este año? ¿de quién estoy aprendiendo últimamente? ¿a quién le estoy enseñando? ¿qué aprendí hoy?
Solamente algunos empiezan la escuela, pero todos estamos en tiempo de aprender. Que Jesús, el Maestro, nos de la capacidad de crecer cada día.
Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Marzo 2009

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lourdes