Es tiempo de rezar, es tiempo de celebrar, es tiempo de recibir.

Por
lourdes
Martes, 10/07/2012
Hace un mes empezábamos el 2009 con buenos deseos, con proyectos y metas para este año. Siempre la posibilidad de un nuevo comienzo nos hace renovar la voluntad de cambio y de crecimiento. Como comunidad parroquial, nos preparamos para una nueva fiesta de la Virgen. Y al celebrarla en este momento del año, es una buena oportunidad para realizar juntos el proyecto del año comunitario.
Cuando pensamos el lema de la fiesta, elegimos repetir la oración del viaje que hicimos a Santos Lugares en noviembre pasado: “María de Lourdes, ayudanos a tener como comunidad un solo corazón y un mismo proyecto.” Esto es lo que queremos pedir y esto es al mismo tiempo lo que vamos a celebrar.
En nuestro lenguaje común, el corazón es símbolo de nuestros afectos, sentimientos y emociones. Pero en el lenguaje de la Biblia, el corazón tiene un sentido mucho más amplio, designa el interior de la persona, su intimidad, su profundidad. Al expresar toda la interioridad, el corazón no sólo es la sede de la afectividad, sino también de la inteligencia y de los pensamientos, es la fuente de la memoria y los recuerdos, y es el centro de los proyectos y de las opciones. De esta manera, pedirle a María que tengamos un solo corazón no es tanto pedirle que todos “sintamos” igual (eso sería imposible), sino que podamos vivir esa unidad que nace desde el fondo de cada uno de nosotros. No queremos vivir relaciones superficiales y mucho menos falsas. Y por eso le pedimos que nos regale esa vinculación profunda y verdadera que solo puede ser don de Dios.
Además sabemos que la unidad no es sólo para disfrutar entre nosotros, encerrándonos en la propia riqueza. Por eso también le pedimos que podamos llegar a elaborar un proyecto que nos ayude a caminar. Como comunidad queremos estar vivos y eso significa estar en movimiento, con metas, proyectos y desafíos por delante. Si tenemos un solo corazón, lograremos unificar nuestros caminos, apoyarnos los unos a los otros, aportar el don y el talento de cada uno para que entre todos podamos construir una comunidad donde se intente vivir el Evangelio.
Pero no queremos solamente pedir, también queremos celebrar todas y cada una de las riquezas que el Señor nos regaló como comunidad. Queremos agradecerle por tantas personas que brindan su tiempo y sus dones al servicio de los demás. Queremos valorar la generosidad de tantos que desde el silencio respondieron a cada llamado de solidaridad. Queremos festejar todas las veces que la parroquia fue un lugar para que nos encontremos con Dios, con su gracia y con su amor. Las fiestas patronales son una buena ocasión para que volvamos a mirar con ojos nuevos la comunidad que formamos y re-descubramos en ella todas sus riquezas y valores. El Señor ya nos bendijo abundantemente, alabemos toda su misericordia derramada sobre nosotros.
Por último, el día 11 de febrero también será una buena oportunidad para recibir en nuestra casa a aquellos hermanos y hermanas que vendrán a rezarle a la Virgen. Tal vez no sean de venir siempre, tal vez no pertenezcan al barrio, pero ese día llegarán con sus intenciones y agradecimientos para dejar en las manos de la Madre del Cielo. Preparémonos para abrirles la puerta, haciéndoles sentir que la parroquia, que es nuestra casa, también quiere ser la casa de todos.
La fiesta es tiempo de gracia. Vivámosla con el corazón abierto, con los ojos atentos y con las manos tendidas. Gracias por formar parte de esta comunidad. Nos vemos en las celebraciones!
Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Febrero 2009

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