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Como una parturienta.
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Martes, 10/07/2012
Como una parturienta.
Los creyentes, de cualquier religión, sabemos que Dios se manifiesta en nuestra vida. Las cosas que vemos, lo que nos pasa, las alegrías y las tristezas, los acontecimientos grandes y los sencillos, todo puede hablarnos de Dios. Es lo que le pasaba a Jesús, en las cosas que veía podía descubrir un mensaje de su Padre y por eso usaba esas imágenes para hacer las parábolas: el grano de trigo, los desocupados en la plaza, los tesoros en los campos, los hijos que se van de la casa. Cuando la mirada está llena de Dios, todo nos habla de su presencia.

El mes pasado les proponía dejarnos evangelizar por la naturaleza. Al ver las plantas que comienzan un nuevo ciclo en la primavera, podemos descubrir algo para nuestra vida. Ya que este mes celebraremos el día de la madre, quiero proponerles que descubramos en ellas una imagen de Dios. Porque si decimos que Dios es como un Padre, que nos da la vida y nos reúne como hermanos, de la misma manera podemos decir que Dios es como una madre, que nos lleva en su vientre, nos nutre y nos hace crecer. Dos textos del Antiguo Testamento nos ayudan a reflexionar.

El libro de Isaías, a partir del capítulo 40, es llamado el “libro de la consolación”. El profeta le habla a un pueblo que está exiliado y que se siente abandonado y olvidado. Sienten que sufren y que Dios no hace nada, se queda silencioso frente a tanto dolor. Por eso Dios les dice: Yo permanecí callado mucho tiempo, guardé silencio y me contuve; ahora gimo como una parturienta, me sofoco y estoy jadeante. Arrasaré montañas y colinas, y secaré todo su verdor; convertiré los ríos en tierra árida y secaré los estanques. Conduciré a los ciegos por un camino que ignoran, los guiaré por senderos desconocidos; cambiaré las tinieblas en luz delante de ellos, y el suelo escarpado en una llanura. Estas son las cosas que haré, y no dejaré de hacerlas.” (Is 42, 14-16)

Dios promete que va a empezar a actuar y que va a obrar con fuerza. Su acción va a provocar que la tierra misma cambie: las montañas serán arrasadas, los ríos secados, la tiniebla se volverá luz. Y se compara esta fuerza de la acción de Dios, con la fuerza que manifiesta la parturienta con sus gemidos y su respiración. Fíjense qué interesante que el punto de comparación no sea la ternura de la madre, sino la fuerza y la energía de la mujer cuando da a luz!! Las que han parido pueden testimoniarlo: el parto requiere mucha fuerza y un gran “aguante”.

Muchas veces se valora en las madres su capacidad de cuidado, su cariño y dulzura. Y realmente son dones muy valiosos. Pero las madres también tienen otras riquezas importantes y el texto nos ayuda a rescatar este otro don: su fuerza. Creo que todos sabemos lo parcial que es decir que la mujer es el “sexo débil”. Puede ser que la capacidad de fortaleza física sea mayor en el varón, pero la historia demuestra que las mujeres son quienes generalmente resisten mejor la dificultad y la lucha.

¿Qué cosas no es capaz de hacer una mujer por sus hijos? Pensemos cuantos movimientos sociales que reclaman justicia están liderados por mujeres que se han reunido por sus hijos o nietos. Cuando se trata de luchar por el bien de los suyos, por su salud y crecimiento, las madres sacan una fuerza que ni ellas mismas sospechaban que tenían. Y por eso, en esa capacidad de lucha y de fortaleza, son signos de Dios.

Un poco más adelante, el libro de Isaías vuelve a usar otra imagen maternal. Cuando el pueblo se vuelve a quejar que Dios lo olvidó, él le responde: ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! Yo te llevo grabada en las palmas de mis manos” (Is 49,15-16). Así es Dios, como una buena madre que no se puede olvidar de sus hijos, porque los tiene grabados en su propio cuerpo.

Este mes estaremos inundados de publicidades, fotos y avisos que presentarán a madres y abuelas. La mayoría serán invitaciones a comprar regalos comerciales. Pero entre tanto comercio, aprovechemos para descubrir y celebrar esta imagen tan precisa de Dios. Cada vez que veamos una madre, observemos sus gestos y acciones, y recordemos que algo así es Dios, parecido a las madres que conocemos. Que el cariño que recibirán las madres en su día las renueve para que sean buenos reflejos del rostro materno de nuestro buen Dios.

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Octubre 2008


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