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Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera.
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Martes, 10/07/2012
Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera.
Este es el título de una película coreana estrenada hace algunos años, que narra de un modo muy sencillo la historia de un monje y un joven que viven en un templo budista en medio de un lago rodeado de montañas. Las distintas etapas de crecimiento del niño/joven, son relacionadas con las estaciones del año y con los cambios que vive la naturaleza en cada una de ellas. La película tiene pocas palabras y toda la fuerza está puesta en la riqueza de las imágenes. Ya desde el título, la obra habla de un crecimiento que se desarrolla en un ciclo de nacimiento, crecimiento y muerte, que al finalizar vuelve a empezar y a repetirse.

Para nosotros, este mes de Septiembre nos traerá una nueva primavera y el recomienzo del ciclo anual de las estaciones. Muchas veces la primavera es asociada con la adolescencia o la juventud. De hecho el “día de la primavera” es día de festejo para los estudiantes, día de salidas, paseos al aire libre, canciones y encuentros. Además, más allá de ese día específico, es verdad que la juventud es tiempo especial de fortaleza y descubrimientos, de comienzos y elecciones. Por eso en la juventud la vida “brota y florece”.

Pero también es cierto que durante toda la vida, y no sólo en la juventud, seguimos creciendo y desplegándonos. Y así como la naturaleza se desarrolla en un ciclo de estaciones, nuestro crecimiento debe pasar por diversas etapas, algunas de duro invierno y otras de cálido verano. Más aún, creo que quien ha recorrido muchas veces este ciclo vital, es el que mejor está preparado para una primavera verdadera. Es como sucede con las plantas: algunas florecen en primavera, son muy vistosas y atractivas, pero no resistirán el próximo invierno. En cambio otras plantas ya han pasado muchos otoños y por eso están preparadas para brotar y florecer con una fuerza distinta. Tal vez algunas de estas plantas no llaman tanto la atención, son menos vistosas y atractivas, pero su crecimiento es más profundo y real. Es la diferencia entre la flor del árbol de paraíso y la de la plantita de pensamiento: esta última tiene un color que la primera no tiene, pero el paraíso seguirá viviendo cuando el pensamiento se muera en la primera helada.

De esta manera la naturaleza nos recuerda que para que los crecimientos sean profundos y duraderos, hay que saber vivir y celebrar la primavera, pero también aprender a aprovechar el tiempo del invierno. Todos sabemos que durante el tiempo más frío las plantan hacen un trabajo oculto e interior. Sus hojas caen, su color parece perderse, pero es el momento de desarrollarse para abajo y para adentro; es la etapa en que la vida y la fuerza están, pero no se ven, se crece, pero no se nota. Luego llegará el momento para mostrar y sacar toda la vida que permanecía oculta. Cuanto mejor se vive el invierno, mejor se florece en primavera.

En los diversos ámbitos de nuestra vida estaremos pasando por etapas distintas. Quizá en algunos estamos en un momento de despliegue y novedad, y en otros vivimos tiempos de quietud y frialdad. En nuestra comunidad, como en todas, también pasamos por etapas y momentos. Hace algunos años que varios autores dicen que la iglesia en su conjunto está pasando por un “invierno eclesial”. Por eso será momento de hacer las tareas del invierno: crecer en profundidad, pasar por la poda y hacer crecer la vida que luego florecerá.

La naturaleza, porque es creación y don de Dios, tiene esa capacidad de hablarnos al corazón. Dejémonos evangelizar por ella. Cuando caminemos por la calle o cuando estemos en el jardín de nuestra casa, miremos a las plantas que dan los signos de la primavera y dejemos que eso nos haga encontrar nueva fuerzas para vivir nuestros propios ciclos de crecimiento.

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Septiembre 2008


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