La fiesta de la libertad.
El 9 de julio estaremos celebrando un nuevo aniversario de la independencia de nuestro país. Un acontecimiento pasado hace ya muchos años, pero que nos recuerda ese desafío tan actual de seguir creciendo cada día en libertad. Es por eso que los invito a que aprovechemos esta fiesta para volver a pensar en la libertad personal y comunitaria.
Recuerdo que hace algunos años se organizó un encuentro de jóvenes bajo el lema de “
¿Libres o sueltos?”. En pocas palabras se intentaba expresar esa gran diferencia entre dos modelos de libertad. Querer hacer siempre lo que uno quiere, no depender de nada ni de nadie, no tener obligaciones, ni compromisos, eso es estar suelto. Es el sueño adolescente de vivir sin control ni limitación. Pero estar suelto por la vida no es el camino verdadero para una libertad que plenifica. Sin embargo muchas veces seguimos soñando con vivir de esa manera, imaginando una adolescencia permanente en que nada nos obligue, nos comprometa o nos interpele. Tantas veces nos cuesta comprometernos con alguien o con algo, porque tenemos miedo que eso nos quite libertad.
En nuestro país hace ya un tiempo que venimos padeciendo la incapacidad de vinculación entre los diversos sectores. El diálogo, pedido y reclamado, es la manera de recordar que no podemos construir un país si no tenemos en cuenta a todos los grupos y ámbitos. Cuando cada uno se encierra en sus propios intereses, sin poder elaborar un proyecto que nos abarque a todos, estamos confundiendo la libertad con el autismo y la cerrazón. Recientemente los obispos de argentina elaboraron una declaración invitando al diálogo que se construye con gestos de grandeza. Allí decían: “
Ni la moderación en las demandas, ni la magnanimidad en el ejercicio del poder son signos de debilidad”. No nos hacemos menos libres por animarnos a escuchar al otro, sus razones y deseos y reclamos. Nos guste o no, somos “
dependientes” los unos de los otros, nos necesitamos porque nos complementamos.
Para la fiesta de la Pascua, un grupo judío organizó un evento-celebración en una plaza de Buenos Aires. La Pascua es la fiesta de la liberación de Egipto y por eso habían preparado un gran árbol del que colgaban papeles con frases sobre la libertad y en el que cada persona podía sumar su propia reflexión. Entre tantos pensamientos ricos que había quiero compartirles uno:
Aún creemos que lo que el Exodo nos enseñó acerca del significado y las posibilidades de la política es lo siguiente:- En primer lugar, donde sea que vivas, probablemente sea Egipto;
- Segundo, que existe un lugar mejor, una tierra prometida;
- Y tercero, que para llegar allí es necesario atravesar un desierto.
Michael Walter.
Al celebrar un nuevo aniversario de la independencia nacional debemos recordar que la libertad es siempre un bien a seguir conquistando, cuidando y haciendo crecer. Hay todavía muchos signos de esclavitud, de cerrazón, de carencia. Pero como cristianos creemos firmemente que otra realidad es posible, por eso no podemos sumarnos a la desesperanza, a los vaticinios de tragedias, sino seguir apostando por la tierra prometida, tierra para todos y con todos. Es verdad que para eso habrá que atravesar el desierto, el momento de la soledad, de la purificación de todo lo que no nos deja escuchar a Dios y a los hermanos.
Dios quiera que este nuevo aniversario de nuestra independencia nos anime a todos y todas a seguir construyendo un país en serio, a seguir luchando por la libertad que se construye a partir del diálogo y del compromiso de los diversos sectores. Habrá que recordar, tal vez con dolor y tristeza, que la libertad no es un bien ya ganado y logrado en 1916, sino un proyecto siempre por lograr. Y esta realidad, lejos de desanimarnos puede ser fuente de aliento y fortaleza, porque “
No hay esclavos con menos esperanza que aquellos que creen ilusoriamente que son libres” (J.W. Goethe).
Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Julio 2008