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La vida, como el pan, es para compartirla.
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Martes, 10/07/2012
La vida, como el pan, es para compartirla.
Hace muy poco tiempo hemos celebrado la Semana Santa. A lo largo de estos días pudimos volver a vivir los últimos acontecimientos de la vida de Jesús, sus momentos fundamentales, su muerte y su resurrección. Seguramente muchos hemos podido participar de algunas celebraciones viviendo con intensidad este misterio. Pero en nuestra vida las cosas pasan demasiado rápido, y lo que fue intenso un día, al otro día ya es olvidado o superado por otro acontecimiento. Por eso, creo que es bueno que nos preguntemos: ¿qué nos dejó la Pascua de este año? ¿qué huella quedó en mí de esta celebración?

Tal vez una de las características más fundamentales de Jesús es su capacidad de compartir. A lo largo de su vida compartió su palabra, su enseñanza, la fuerza de su poder; pero también compartió el pan y la mesa, la alegría y el dolor de sus amigos, los días de fiesta y las noches oscuras de silencio. Y al final terminó entregando lo último que tenía: su propia vida. Por algo el signo que eligió para hacerse presente es un pan compartido. Justamente el pan es aquello que no se puede guardar por mucho tiempo, no se puede acumular. Si no se aprovecha rápido el pan se endurece, se pone viejo y no sirve para nada. Por eso el pan es símbolo de la vida de Jesús, porque El tampoco quiso “guardarse” sino que se entregó todo. El fue como un pan, comido y devorado por todos aquellos que tuvieron necesidad de su palabra, de sus gestos, de su cariño, de su tiempo y de su amor.

La resurrección de Jesús es el testimonio claro de que la vida cuando se comparte no se pierde, sino que se engrandece. Porque El tuvo la capacidad y la osadía de entregarse por entero, el Padre no lo dejó en la oscuridad, sino que lo resucitó a una vida en plenitud. Nosotros, que hemos conocido este misterio y que lo hemos celebrado hace muy poco tiempo, somos invitados a vivir la misma práctica de Jesús, compartiendo nuestro tiempo y nuestro alimento, nuestras capacidades y nuestra propia persona. Nuestra vida tiene sentido cuando es entregada en servicio concreto hacia el hermano. Cada vez que comprendemos que no vivimos solamente para nosotros mismos y podemos compartir-nos, ahí estamos haciendo que la Pascua se haga realidad entre nosotros. Que Jesús nos ayude a hacer carne lo que dice la canción: “Quiero ser pan para el hambre, ser el pan de mi pueblo y construir el escándalo de compartir”.

Aprovecho también estas líneas para presentarme y saludarlos. Como ya saben el P. Marcelo fue trasladado a la Parroquia María Reina de Munro y desde comienzo de marzo he comenzado mi servicio en esta comunidad. Mi nombre es Guillermo Carbó (aunque todos me dicen Willy), tengo 37 años de vida y 10 de sacerdote. Vengo de la Parroquia Ntra Sra del Carmen de San Fernando. Con muchos nos conocemos porque ya estuve en Lourdes hace algunos años, a otros los voy conociendo en estos días y con otros nos iremos encontrando de a poco. Sinceramente deseo que podamos hacer lo que les decía en la reflexión: que compartamos la vida como lo hizo Jesús. Confío en que la buena madre de Lourdes nos irá ayudando para ir construyendo entre todos una verdadera comunidad.

Que Dios los bendiga.
Padre Willy Carbó.
Abril 2008


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