Al expropiar YPF, Cristina Kirchner dio un salto al vacío.
Con su intempestiva decisión, Cristina Kirchner acaba de abrir varios frentes al mismo tiempo, con los que tendrá que lidiar en el corto/mediano plazo. Los dos más importantes son los que tienen que ver con lo que provocará a nivel interno y a nivel externo.
En el primer grupo, hay que referenciar a los gobernadores que integran la Organización de Federal de los Estados Productores de Hidrocarburos (OFEPHI), quienes ostentan fuerte temor por la incertidumbre de no saber quién cubrirá lo que hoy perciben en concepto de regalías por la explotación petrolífera.
El que está a la cabeza de todas las desconfianzas es el converso chubutense Martín Buzzi, quien hasta hace dos semanas era un ferviente defensor del proyecto de expropiación, pero que ha tomado una prudente distancia del oficialismo en los últimso días.
En el segundo círculo, hay que ubicar a los países de la Unión Europea y, eventualmente, Estados Unidos, los actores más afectados por la decisión de Cristina Kirchner.
A este último respecto, deben esperarse diverso tipo de reclamos —especialmente ante el CIADI, implacable tribunal del Banco Mundial— y pronunciamientos políticos. Por caso, el gobierno español ha anunciado que hoy mismo dará a conocer una respuesta oficial por parte de ese país.
Esto último muestra a las claras cuán importante es el caso YPF para los intereses ibéricos. En tal sentido, debe destacarse una curiosidad: Cristina ha logrado que el Socialismo acompañe al denostado Mariano Rajoy en esta batalla entre naciones, algo imposible de conseguir en otros tópicos.
Como sea, no son esos frentes los que más deben preocuparle hoy a la Presidenta, sino la imagen que ha regalado al mundo entero sobre la Argentina: la de un territorio donde reina la inseguridad jurídica para cualquier tipo de emprendimiento privado.
¿Quién querrá invertir en un país donde los contratos se rompen con la misma facilidad con la que se refrenda una expropiación? ¿Cómo evitar que se fuguen los capitales privados? ¿Qué dirá Cristina ahora a quienes en su momento tranquilizó diciendo que la Argentina no es Venezuela?
En fin, la errática historia de YPF —
con el capítulo de hoy incluido— es la postal de la sinuosidad del propio kirchnerismo. Muchos recuerdan hoy que fue Néstor Kirchner quien gestó el ingreso de la familia Eskenazi al directorio de YPF en 2008, provocando la inevitable transferencia de divisas que debían utilizarse para exploración, hacia los bolsillos de los mismos accionistas españoles que hoy denosta Cristina.
Sin embargo, no es esa la peor contradicción del entonces matrimonio: en 1992/93, Néstor y su esposa fueron los impulsores más férreos de la privatización de YPF. El video que se muestra a continuación, es irrefutable a ese respecto:
En realidad, no ha sido gratuito el apoyo de los Kirchner al impulso privatizador. A cambio, el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo —hoy curiosamente fustigado por los K— les ¨ofrendó¨ más de 500 millones de dólares bajo el engañoso concepto de ¨regalías mal liquidadas¨. Ese dinero, que pertenece al Estado, jamás apareció luego de que fuera girado al exterior por Néstor. Se trata de los evaporados fondos de Santa Cruz.
¿Cómo explica Cristina ese viraje, de apoyar la privatización de YPF a impulsar su expropiación? En efecto, la mandataria no explica nada porque nadie le pregunta nada.
Si alguien se atreviera a indagarla, la Presidenta debería responder, entre otras, estas preguntas:
-¿Por qué denostó a los periodistas que anunciaron oportunamente que YPF sería expropiada?
-¿Cómo hará para invertir en exploración petrolífera si ni siquiera hay fondos suficientes para importar combustible?
-¿Adónde estaba cuando Repsol se encontraba vaciando la empresa? ¿Por qué no lo denunció antes?
-¿Por qué se impulsó el ingreso del grupo Eskenazi a YPF y luego se lo destrozó públicamente?
-¿Por qué hace un año alabó el trabajo de la misma firma y ahora habla de vaciamiento?
-¿Se vienen nuevas expropiaciones, como auguran fuentes de la propia Casa de Gobierno?
Como se dijo anteriormente, Cristina no responderá nada: nunca lo hace ni le interesa dar explicaciones de sus actos. Mientras tanto, las acciones de YPF en Wall Street registran una caída de casi el 18%.
Es el síntoma más cabal de cómo será el rumbo que tendrá la empresa en adelante, no solo a nivel financiero y económico, sino también a nivel político y cultural.
por Christian Sanz