El conflicto llena a Damasco de murallas.
¨Es la primera vez que siento temor. Ahora estoy realmente preocupado¨, confiesa Samer Darbouli, un abogado de 31 años oriundo de la ciudad de Homs con residencia en Damasco y propietario de un hotel boutique enclavado en la Ciudad Vieja que no recibe huéspedes desde el inicio de la crisis en marzo de 2011.
En tiempo récord el gobierno ha levantado barreras de cemento en diferentes puntos de Damasco debido al conflicto.
La batalla por la capital siria se inició hace dos meses, pero, en las últimas semanas, la escalada de la violencia ha convertido a la ciudad en el objetivo clave de los grupos armados disidentes que buscan el debilitamiento y la posterior caída del gobierno de Bashar al Asad.
Las barricadas de cemento -similares a las levantadas una vez en Bagdad- se han construido en tiempo récord y se multiplican por toda la ciudad frente a las dependencias del Estado, mezquitas e iglesias. La sede del Ministerio del Interior está protegida por una doble muralla de más de cinco metros de altura, que los obreros finalizaron en tiempo récord hace seis días.
Los alambres de púas se han instalado en los imponentes paredones de varias embajadas y se reproducen aceleradamente los puestos de control militar en las calles damasquinas.
En los techos de los edificios gubernamentales -considerados objetivos militares para las fuerzas del Ejército Libre de Siria, como se autodenominan las fuerzas armadas de la oposición- grupos comando de francotiradores, vigilan desde lo alto el movimiento en las calles.
Damasco, que ha visto el paso de grandes hombres de la historia desde Abraham, el rey David o Alejandro Magno hasta Lawrence de Arabia, y que había permanecido en calma durante meses, ha sido tallada con puestos de control permanentes y sus residentes empiezan a sentir el temor por los sonidos de los disparos, mientras se profundiza la crisis.
Los accesos están vigilados por el ejército, que ha establecido estrictos puestos de control en caminos y rutas. Los apagones son cada vez más frecuentes y prolongados como consecuencia de los sabotajes que realizan los grupos armados a la infraestructura eléctrica.
¨Nada, nada¨
¨¿Qué pasa en Damasco? Mafi, mafi (nada, nada)¨, responde una elegante mujer portando bolsas de vestidos en las afueras de mercado de Al Hamidiyya.
Nada, es la respuesta que niega una compleja situación en una ciudad donde ya explotaron dos carros bombas en la sede de Seguridad del Estado (Amn Al Dawla) y en un cuartel general de otra agencia, que dejaron decenas de muertos y cientos de heridos en una de las capitales, hasta hace unos meses, más seguras del mundo.
Ahora, a tan sólo media hora de distancia de Damasco, los extramuros de la capital se han convertido en refugio de los rebeldes y el gobierno trata de sofocar el levantamiento con una operación militar a gran escala. Los blindados transitan las calles mientras los sirios miran estupefactos el movimiento militar.
Cada día que pasa, la situación está peor porque no hay turistas y los clientes de otras provincias tienen temor de trasladarse hasta aquí.
(Juan, habitante de Damasco)
El control de la capital del país es básico para el triunfo de las aspiraciones opositoras y el régimen es consciente de eso. Hoy Damasco está blindada, pero sus habitantes, aunque temerosos, siguen llenando los restaurantes y bares, las discotecas abren todas las noches y el ritmo vertiginoso de su tránsito no se ha modificado.
Pero, pese a la aparente normalidad, la ciudad habitada más antigua del mundo -junto con Jericó- está siendo asediada desde los suburbios.
Dentro del casco urbano, los opositores carecen de armas, pero las manifestaciones se multiplican en barrios como Al Midan, Al Qaboun, Barzah Al Balad, Jobar, o Rokn Ad Dien, y son contrarrestadas por las multitudinarias marchas a favor de Bashar al Asad que llegan a tener hasta un millón de participantes.
Hasta ahora, los damascenos lo veían todo por la televisión y el conflicto les parecía algo lejano, pero ahora las sensaciones han cambiado.
¨Nosotros confiamos en el gobierno de Asad. Él nos va a proteger¨, dice Alí, un letrado de 27 años, oriundo de Tartus, aunque denota cierta preocupación en su voz.
Situación económica en Siria
¨Cada día que pasa, la situación está peor porque no hay turistas y los clientes de otras provincias tienen temor de trasladarse hasta aquí¨, expresa Juan apesadumbrado, tomando un café con cardamomo en la puerta de su comercio de venta de ropa de cuero.
El comerciante hace 25 años que regresó de Venezuela y con su padre fundó la empresa familiar que funciona en el zoco de Al Hamidyya, ubicado al sur de la Ciudad Vieja. Juan está muy preocupado, porque ya empieza a sentir el asfixio económico de 11 meses de revueltas y sanciones económicas.
¨Nos estamos manteniendo con los ahorros de toda la vida y con la presencia de los chiítas que vienen a visitar sus lugares sagrados¨, explica, refiriéndose a los peregrinos que visitan el santuario de Saida Zeinab - la nieta del profeta Mahoma.
¨Estamos sobreviviendo gracias al turismo de los iraníes. En el 2011 vinieron más de un millón y se estima que para este año lleguen al millón y medio¨.
Pero en el que fuera el gran mercado cubierto por una bóveda de hierro -salpicada por puntos de luz producto de los orificios de las balas que causaron las ametralladoras de la aviación francesa durante la rebelión nacionalista de 1925- los vendedores ya no gritan para promocionar sus productos ni el caos convulsiona a los turistas llegados de todo el mundo, que eran abordados incesantemente.
¨La situación en el país afectó mucho al comercio desde el inicio de la crisis. Muchas mercancías han subido de precio y esto impacta en la capacidad de compra del ciudadano¨, confirma Amer al Hasash, director responsable del comercio Golden Star, instalado en su silla sobre la calle empedrada del mercado, cuyo trazado data de la época romana.
¨La garrafa de gas aumentó un 50%, el té un 30%. Toda la comida ha elevado su precio. Esto no está bien¨, dice Afnan, una ama de casa que hace compras al por mayor en las afueras del mercado de las especias.
¨No entendemos por qué nos están haciendo esto. Si creen que van a debilitar nuestra confianza en el presidente con estas medidas, están muy equivocados¨, afirma la mujer de 52 años que con sus palabras sugiere que Damasco sigue siendo un bastión del régimen.
Los precios de los productos han subido al ritmo del alza de la libra siria, que aumentó en un 40%. La moneda pierde valor cada día y los sirios que tienen ahorros procuran hacerse con dólares -rechazan inclusive el pago en euros-, algo cada vez más complicado oficialmente, pero que ha creado un mercado paralelo de muy fácil acceso.
Sabotajes
Mientras cada dólar asciende a 75 libras -el precio oficial se establece en 57 unidades-, el gobierno intenta combatir también el impacto de los continuos sabotajes por parte de los grupos opositores a los principales oleoductos y centrales eléctricas. Los cortes de electricidad llegan a durar hasta cinco horas al día.
Al hundimiento del turismo hay que añadir los efectos de las sanciones impuestas por Occidente y la Liga Árabe, que han bloqueado las operaciones del Banco Central y la venta de hidrocarburos. El deterioro de la vida cotidiana que afecta directamente a la población civil.
¨Apagones, alza en algunos productos, depreciación de su moneda, son algunos de los efectos que sufre hoy Siria a causa de las sanciones impuestas y que afectan principalmente al pueblo¨, explica desde su despacho, el ministro de Economía y Comercio, Mohammad Nidal al Shaar, designado el 14 de abril de 2011 por su experiencia en el mundo de los negocios y las relaciones económicas.
¨Las represalias tienen un carácter y una intención política, pero es la gente la que en la práctica y en su vida diaria sufre las consecuencias¨, expresó al Shaar.
¨A esa hostilidad económica se suman los daños ocasionados por la violencia terrorista de grupos armados que han saboteado oleoductos, gasoductos, descarrilados trenes cargados de combustibles e incluso atacan y matan a ingenieros eléctricos para afectar la generación en momentos de mayor consumo energético por el invierno¨, concluye uno de los hombres más importantes del gobierno sirio y con un trabajo tan complicado como el de defender militarmente la ciudad.
Prensa BBC Mundo